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martes, 28 de julio de 2015

Mimetismo: Novios que copian a sus parejas.




Mimetismo: Habilidad que ciertos seres vivos poseen para asemejarse a otros y a su propio entorno para obtener alguna ventaja funcional. 

¿Les parece familiar? Nos es muy común asociar este tipo de comportamientos con los animales, específicamente con el camaleón; que tiene la capacidad de modificar su apariencia para engañar a los depredadores y así salvar el pellejo para seguir con vida. Pero este tipo de conducta no se da sólo en el reino animal, ¿qué es lo que sucede cuando un humano se mimetiza consciente o inconscientemente? Seamos más específicos y hablemos de las relaciones, ¿y qué cuando el mimetismo se da entre una pareja?

Vamos, que es hasta cierto punto normal que estando en una relación uno comience a adoptar actitudes del otro, costumbres, manías y hasta estilos, pero que sea común no quiere decir que también sea agradable. ¿Te ha pasado? Empiezas a salir con alguien, te gusta, le gustas, formalizan y empiezan a andar. No falta aquél al que le gusta más usar camisas que playeras, zapatos que tenis, pantalones que jeans, ¿qué pasa comúnmente cuando uno resulta mirrey y el otro pandroso? ¿Será que este tipo de combinaciones van dirigidas al fracaso?

No necesariamente, lo que sucede es que poco a poco (y a veces sin querer) vamos cambiando con el propósito de seguirle gustando al otro. ¡Por más estúpido que se escuche! Aunque creas que eres muy original, que nunca vas a dejar de ser fiel a tus ideales y a tus gustos, la verdad es que cuando te enamoras una parte de tu cerebro se apaga y lo único que ves claramente es tu deseo de estar con él. Es entonces cuando uno empieza a cambiar poco a poco. 

Que si a tu novio le gustas más sin gorra, que si te va mejor el color negro, que si le parece más sexy que uses skinny jeans o te dejes la barba… Y así empieza el mimetismo. Normalmente no nos damos cuenta, sólo va pasando. El caso es que de la noche a la mañana tú o él empiezan a verse diferente, es más, a parecerse tan cañón uno al otro que a veces llegan al grado en que aquellos que los conocen puedan decir que parecen clones. ¿Sigue siendo normal? Puede que sí, hasta puede que te guste y lo percibas como algo lindo y que los distingue como pareja, pero no siempre es así. Si bien existen muchos pros al verte similar a tu novio, existen aquellos que ven la clonación amorosa como algo aburrido y hasta cierto punto ñoño. 

Va, igual y se ven lindos, ¿pero qué pasa cuando alguno de los dos es demasiado “territorial” y egoísta? Cuando estás en una relación no es raro que uno se ponga la ropa del otro (claro está, cuando comparten la misma talla), pero cuando eres una persona celosa de tu espacio, tu tiempo y tus cosas, no existe la posibilidad de que alguien pueda usar ninguna de tus prendas, ni siquiera tu novio. 

A mi me ha pasado (pero bueno, a mí me gusta rescatar casos perdidos y convertirlos en príncipes) pero puedo decir que es en verdad molesto cuando tomas a un tipo sin estilo y al terminar resulta ser con el que todos quieren. ¿Me veo muy egoísta? Quizá, probablemente sea muy de película de adolescentes malas el decir “yo te hice”, pero la neta es que ser el responsable del éxito de otros no siempre está padre. Más cuando tu pareja no es otra cosa que un clon tuyo, uno de esos casos de mimetización tan cañona que no sólo cae en el estilo, sino también en hábitos, actitudes y pensamientos.

Pueden existir muchas opiniones en cuanto a este tema, estarán los que piensen que está cool y los que no, los que lo permitan y aquellos que hagan lo posible por evitarlo, pero el adoptar algo del otro seguirá pasando hoy y en el futuro. ¿Por qué? Tan simple como que la convivencia permanente con alguien siempre nos lleva a la reacción esponja. Absorbemos a veces sin darnos cuenta, y a veces por más que lo neguemos, terminamos diciendo frases que no nos gustaban, haciendo cosas que teníamos prohibidas, y sí, vistiendo de formas que a lo mejor no pensábamos que nos podían lucir. 

Es mucho más fácil cuando hablamos de una pareja que desde el momento en el que se encontraron compartían gustos y estilos, esos a los que llamamos twins, que se visten TAN similar y que su apariencia física es bastante parecida que lo único que podría venírsenos a la mente es que padecen de un caso severo de egolatría al relacionarse sentimentalmente con alguien demasiado parecido a ellos. ¡Todos conocemos a una pareja así!

La cosa se resume a lo siguiente: Si te gusta, hazlo, si no, dilo. Al final la comunicación es la base de cualquier relación. Así que si te molesta que tu pareja vaya adoptando estilos de vestir similares al tuyo, simplemente dile que no te late. ¿Por qué a la mayoría le da miedo hablar con la verdad? ¿Por no herir susceptibilidades? ¿Por no verse muy bitch? Vamos, que la mayoría de los homosexuales presumimos de actitudes directas y comentarios honestos… ¿Por qué no aplicarla también con tu pareja? Que el amor no te nuble, lo importante es seguir siendo fiel a lo que eres y alentar a los demás a que lo apliquen consigo mismos, con más razón si se trata de tu pareja, ese al que amas y por 
el que te preocupas. 

Si bien el mimetismo en una relación puede ser normal, lo que no es normal es estar con alguien que por completo carece de un estilo propio y que antes de ti era skate porque su ex lo era, que probó ser hipster porque salió con alguno, y mucho menos que ahora vuelva a evolucionar como Pokemon nada más porque se encuentra con una persona diferente. No sé ustedes, pero al menos yo me siento atraído por la originalidad, por el valemadrismo y por ese estilo de vida en el que no importa lo que los demás piensen, en el que lo único que importa es la comodidad personal y el hecho de que quien sea que vaya a estar contigo lo hará porque le gustas tal como eres. 

Total, si nos vamos a mimetizar, mejor que sea en la cama para que los cuerpos sean uno solo. ¿O a poco no es más rico?

martes, 23 de junio de 2015

Amores de fin de semana



Mucho se ha hablado de los amores de verano, los por mientras y aquellos que podrían durar toda la vida. Pero, ¿qué ondita con esos amores exprés? Esos de un par de días, tan intensos y chingones, como efímeros.

Quizá son esos los que mejores recuerdos nos traen, los que aún nos hacen vibrar. Y es que en estos casos siempre queda la pregunta… ¿Y cómo hubiera sido de poder durar mucho juntos? Regularmente cuando el tiempo es tan corto no hay peleas, todo está de huevos y el sexo es maravilloso (porque, no nos hagamos los santos, muchos hemos tenido sexo con alguien desde la primera cita), así que cuando termina no hay algo malo que recordar.

Nos dejan un vacío en el estómago que no podemos explicar, una mezcla de felicidad y coraje. Contento porque sucedió, y enojado porque no pueda llegar a más. ¿Y si viven en diferentes ciudades, países; o peor aún, continentes? Por más que muchos sigan creyendo que el amor a distancia es 100% posible, la realidad es que dos personas que están lejos no pueden construir una relación completa juntos. Y pasado algún tiempo los mensajes van disminuyendo, las noches intensas por Skype pararon, hasta que dejan de hablar.

Pero, ¿qué pasa cuando realmente creías que podían llegar a algo más? ¿Que después de ese fin de semana juntos iban a seguir saliendo, conociéndose, quizá enamorándose? Cuando sabes que un “romance” no va a ser duradero, el golpe al acabarse duele menos, pero cuando pones tus ilusiones en una persona que en un par de días te removió sentimientos, y de pronto se va… Ahí es donde estamos jodidos.

Nos sacamos de onda, no sabemos qué falló o porqué de repente no volvemos a saber nada de él si en ese par de días todo iba increíble, nos rompemos la cabeza tratando de descifrar la razón del repentino desinterés, pensamos y pensamos sin llegar a alguna conclusión. ¿Te suena?

En alguna ocasión conocí a un vato por Grindr, llegó a mi casa y pasamos todo el fin de semana encerrados viendo pelis, platicando, echando el drink y cogiendo cada que teníamos ganas, la química se sentía cañona y los dos estábamos contentos. Pero al momento de irse vino la confusión, le pregunté cuándo nos veríamos de nuevo y me respondió con un rotundo “mejor no”, me dio un beso y se fue. WTF?!

¿Se trata de miedo a seguir conociendo a alguien con quien se puede dar algo chido? ¿Nomás quería pasarla bien ese fin de semana? ¿Al final se habrá dado cuenta de que no le gustaba para algo más? Las preguntas que te vienen a la mente son infinitas, y lo peor de todo es que jamás tendrán una respuesta. A lo mejor muchos de ustedes no se clavan tan rápido, probablemente sean de aquellos que desaparecen, o quizá tú que me estás leyendo has pasado por algo similar y entiendes el saque de onda. El punto es que cualquiera que sea el caso, no siempre tiene que existir un perdedor.

Muchos estamos tan acostumbrados a adoptar el papel de víctimas, culpando siempre al otro, deshaciéndonos de nuestra parte responsable y buscando consuelo por “lo que nos hicieron”, pero pongámonos a pensar desde el punto más básico. Si se conocieron en Grindr es casi lógico que el pedo era casual, sin compromisos ni promesas, ¿no? Entonces, ¿para qué te ilusionas o decepcionas si al final obtuviste más de lo que realmente esperabas? Tómalo como un plus, quizá tú tenías en mente un rato de pasión y saliste con besos, risas, plática y sueños de más, pero recuerda que eso no era lo que estabas buscando, sencillamente fue un extra de la noche.

¿Muy frío? ¿Pensamiento de zorra? Probablemente, pero a veces es preferible ver las cosas de manera realista que tirarse al suelo para que lo recojan. Lo más seguro es que en unos días, semanas o meses volverás a repetir la misma historia con un tipo diferente, ¿y estás dispuesto a atacar tu mente y gastar tu energía tratando de resolver el misterio del desencanto de nuevo? No está chido cometer los mismos errores sin aprender algo de ellos, tampoco está chido que siempre esperemos más de alguien.


Conocemos bien esa frase que dice que dar es mejor que recibir, los activos estarán de acuerdo, los pasivos pensarán diferente, los inter estarán en duda; pero al final, dejando de lado el sexo y llevándola a una ideología y forma de vida, el dar sin esperar nada a cambio siempre será mejor para cualquiera, porque entonces cuando el destino decide sorprendernos encontraremos respuestas a muchas preguntas, y probablemente ya no pensaremos “¿Y cómo hubiera sido de poder durar mucho juntos?”, sino que estaremos disfrutando de tener a alguien que no tuvo miedo, y decidió sí quedarse a nuestro lado.  

sábado, 28 de marzo de 2015

¿Qué onda con el "Daddy Issue"?


 
La gente juzga. Siempre. No importa lo que hagas, bueno o malo, correcto o incorrecto, por amor o por simples ganas, el punto es que siempre habrá alguien que exprese su opinión inclusive cuando nadie se la ha pedido.

Hace algunos años estuve en una relación con un hombre 30 años mayor que yo, y aunque muchos no lo crean la única razón que tuve para estar con alguien que bien podría haber sido mi padre, fue el amor. ¿Ya empezaste a juzgar o me estás dando el beneficio de la duda? Vale, para que tengas todos los datos, el tipo también se pudría en dinero, era un señor demasiado guapo, con un cuerpo cuidado y estético, rematando con un par de ojos azules tan intensos que podían derretir a cualquiera en segundos. Pero si he de ser honesto, nada de eso me importaba. Empezamos a conocernos como amigos, saliendo a cenar, desvelándonos en pláticas interminables de cine, literatura, música, países, familia… Y así fue como me enamoré.

La mayoría de ustedes no me conoce, pero aquellos que sí o que me han leído constantemente, saben que más que la edad, el dinero o el físico, lo que a mí me llega y me atrae en una persona es su mente, la inteligencia, un nivel de conocimiento mayor al “normal” y una sonrisa linda. ¡Ay qué cursi!

Al principio fui el chichifo, el interesado, la zorra que se acostaba con el señor por su dinero, por estatus social y regalos. Fui objetivo de interminables comentarios y de miradas juiciosas, aunque estoy seguro de que muchas de ellas fueron por envidia, otras tantas eran por molestia. ¿Acaso existe un reglamento en el que se especifique que uno debe amar a alguien dentro de un rango de edad específico? ¿Por qué siempre que alguien está en una relación en donde la diferencia de edades es muy notoria, tiene que ser porque uno está sacando provecho del otro?

Como hombres homosexuales (y se da en muchas mujeres también) a veces estamos sujetos a padecer eso que comúnmente se conoce como Daddy Issues. Un término actual que tiene su origen en la teoría de Carl Jung El Complejo de Electra, en el que estipula que alguien (en el caso de Jung explicado con mujeres) se siente atraído sexualmente por hombres de edad mayor, buscando la atención que no le fue dada por su padre. Y aunque en muchos casos puede resultar cierto, en otros tantos también se debe a que es la sociedad la que ha puesto este sobrenombre a actitudes o gustos de este tipo.

Se dice que alguien con Daddy Issues tiende a ser sexualmente agresivo. De esos que arrastran al ligue a la habitación en la primera cita con el fin de impresionarlo con sus dones sexuales, que ni siquiera preguntan, toman lo que quieren y están buscando. Por otro lado, un tipo que coquetea constantemente con más de un hombre también puede ser parte de aquellos que consciente o inconscientemente tienen asuntos sin resolver con su padre. Cuando alguien “liga” en exceso, se debe a una gran falta de atención y al disfrute de ser objeto de tensión sexual con extraños, muchas veces ni siquiera tiene que gustarle el tipo con el que coquetea, mientras logre captar su atención. ¡Suena TAN común!

¿Eres de esos que no quiere separarse de su pareja ni un solo momento? ¿De los que desearía que no fuera a trabajar con tal de quedarse todo el día contigo? ¡Aguas! Este es uno de los comportamientos más identificables de alguien con Daddy Issues. Es lógico que todos queremos vivir bien, una pareja que nos ame y que nos cuide (y a la cual cuidar, en el caso de muchos de nosotros) y por supuesto un estilo de vida decente, pero alguien con problemas inconclusos de familia querrá todo lo anterior en exceso.

¿Te suena? Quizá inconscientemente has estado buscando algo que te faltó durante la infancia, a lo mejor no es eso, quizá únicamente sientes atracción por alguien más maduro, centrado, estable y no tan estúpido como los chavos de tu edad, cualquiera de las opciones es válida. Lo que no es válido es que la gente siga juzgando únicamente basándose en una teoría que si bien no es del todo errónea, ha contribuido en extremo a que cualquier actitud que ella describe sea catalogada como tal.

En lo personal puedo decir que sí tengo bastantes Daddy Issues, pero en ningún momento he dejado que mis problemas de niñez interfieran con mi vida amorosa. ¿Por qué siempre tiene que ser como la ciencia lo dicta? ¿Acaso no es uno mismo el que decide cómo y de qué manera lleva las riendas de su vida amorosa y sexual? Es muy cierto que muchos chichifos sólo están buscando alguien a quien sacarle provecho, que los mantenga y les simplifique la vida a cambio de unos buenos acostones, pero también es cierto que no todos los casos son iguales.

Que si tiene dinero, es por interés. Si no tiene ni un peso, es por atención. Si está demasiado guapo, es por el sexo, el caso es que siempre habrá una opinión para todo y nadie estamos exentos de ello. Total, sea cual sea tu motivación para estar con alguien mayor, ¿a quién le importa? ¿Te hace feliz? ¡Pues que te valga! Como dicen por ahí, hay muchas personas a las que ningún chile les acomoda, que nomás están viendo a quien critican y juzgando lo que hacen. Y si eres de ese tipo de personas que habla, pero se queja de que hablen de uno, entonces mejor ni te quejes, que la hipocresía nunca estará de moda.

¿Te preocupa que nadie va a estar de acuerdo? ¿Las burlas? Recuerda a Madonna en Papa Don’t Preach, rola en la que sabía que estaba cometiendo algo que todos verían como un error, que los papás no iban a estar de acuerdo, que los amigos rechazaban, pero en ningún momento habla de duda, de miedo o de inseguridad, ¡al contrario! Está más que decidida a seguir adelante. Quizá sí hayan algunos con asuntos personales sin resolver, pero nadie dijo que el tener Daddy Issues fuera malo. Existen formas de sobrellevarlo, de controlar los impulsos y actuar con más cautela y echándole coco, pero ¿tiene algún caso? No para mí, mientras la gente sea feliz y disfrute cada momento de su vida, ¡qué hagan lo que quieran! Equis, somos chavos.   

lunes, 23 de febrero de 2015

¿Los gays se casan porque pueden, o porque verdaderamente quieren?


 ¿Se acuerdan de aquella escena de El Rey León en donde las hienas temblaban con el simple hecho de escuchar el nombre de Mufasa? Pues algo similar me pasa en cuanto alguien menciona la palabra matrimonio.

Mi primer acercamiento con el compromiso llegó aún chavito cuando tenía casi un año con mi pareja. Estaba muy enamorado, era joven y estúpido. Entonces cuando una noche se pone de rodillas frente a mí afuera de una cabaña que rentamos cerca del bosque y me pide que me case con él, no dudé ni un segundo en aceptar y abrazarlo por un largo tiempo, justo como en las escenas de amor de las películas hollywoodenses. 9 años después, tengo muy claro que jamás tomé la propuesta en serio y no fue más que un juego de adolescentes. Mejor así, puesto que terminamos un par de meses después y no volvimos a dirigirnos la palabra.

Luego, a mis 23 años la historia se repite. Claro que ya sin el bosque, sin jaladas románticas ni mucho menos, en esa ocasión se trató de una plática entre dos personas que querían estar juntas y en la que nadie hizo propuesta alguna, sino que se habló de una idea en común y la aprobación de ambos. Y esta sí la tomé en serio. Empezamos a hablar de lugares, de fechas, de música, invitados y todo el desmadre, poco a poco los planes fueron tomando forma, y yo empecé a darme cuenta de que no tenía ni la más remota idea de porqué lo estaba haciendo.

Por esa razón no dudé en apoyar a mi novio cuando le ofrecieron una beca para estudiar la maestría en Barcelona por 10 meses. No es que no lo apoyara en seguir creciendo profesionalmente, pero siendo honesto el tenerlo lejos y posponer la fecha me servía para pensar mucho más seriamente las cosas. Y obviamente ayudó. Heme aquí aún soltero y sin planes de amarrarme a alguien todavía.

Si he de hablar con la neta, tengo que decir que no es porque me de miedo o aborrezca la idea, no. Lo que me da miedo es como en nuestros tiempos la sociedad; y no únicamente gay, ve el concepto del matrimonio de la misma forma en la que escoge la ropa. Total, si no me gusta lo cambio o si se rompe lo deshecho. ¿Entienden por donde va mi punto?

No se trata de que no crea en el matrimonio, en mi caso se trata de una pelea interna entre lo que significa para la sociedad y lo que puede llegar a significar para uno mismo. ¿Estamos los gays obligados a seguir la misma normativa de las parejas heterosexuales al momento de unir nuestras vidas? ¿Es el matrimonio la tumba de una vida sexual diversa? Seamos honestos, la fidelidad es una cualidad que encontramos muy raramente en nuestros noviazgos, y por más enamorados que podamos llegar a estar a veces la calentura nos gana.

Conozco demasiadas parejas que aún habiéndose casado decidieron llevar una vida sexual abierta, conozco otras a las que la simple idea les provoca enojo, y conozco a muchos como yo que se debaten entre lo que es correcto o no. Pero, ¿de quién depende definirlo? No es que haya huido del matrimonio por querer seguir de caliente brincando de cama en cama, pero sí pasa por mi mente la famosa pregunta: ¿Estoy listo para dejar de conocer otras personas y comprometerme emocional y sexualmente con una sola?

La respuesta es simple: NO. Y quizá es porque aún no he conocido al tipo que me haga aventarme como gorda en tobogán, probablemente es también porque antes de pensar en el matrimonio pienso en mi realización personal y profesional. Y aunque muchos puedan decir que es algo que también se puede conseguir estando en pareja, déjenme decirles que están equivocados.

¿Cuántos no se casaron ya nada más porque pueden? ¿Cuántos se casaron aún sin siquiera haber logrado sus metas? ¿Cuántos más han frenado planes por estar con una persona? Podré sonar egoísta; y tal vez lo soy, pero aún hay muchas cosas que pienso lograr antes de tomar una decisión de ese tamaño, aún hay muchos viajes, muchos planes, muchos hombres por conocer, muchas bocas que besar y cuerpos por tocar.

De lo que sí estoy seguro es de que no importa si se está de acuerdo o no con el matrimonio, lo verdaderamente importante es que TODOS merecemos tener la opción de hacerlo o no. Casarse tiene y debe ser una elección personal y no del gobierno, no debemos estar sujetos a la opinión de un grupo menor de personas que decidan por nosotros si tenemos o no el derecho.

Ya sea que seas de los que creen en cuentos de hadas, en matrimonios para toda la vida y en la fidelidad eterna, o seas de los que saben que amar a una persona no tiene que ir de la mano con cerrarse a una vida sexual únicamente entre dos, seas como seas ten presente que por lo regular confundimos amor con obsesión, aprehensión y capricho, olvidándonos de que nadie nos pertenece, y que aún en una relación o dentro del matrimonio seguimos siendo libres.



sábado, 7 de febrero de 2015

Solterones y Quedados...


Típico, cuando estás en una relación tus amigos se la pasan de lo lindo disfrutando ser solteros, y cuando tú estás más solo que la agenda de contrataciones de Fey todos están empezando a salir y a formalizar sus relaciones. ¿No te ha pasado? Si eres de los que como yo sabe disfrutar de su soltería, entonces no te causa ningún conflicto que la gente a tu alrededor empiece a cuestionarte, y muchas veces presionarte para que consigas pareja. Pero cuando vas rondando los treintas quizá portar la etiqueta de solterón o quedado no se sienta tan padre como solía ser al principio de tus veintes.

La vida social siendo soltero es una maravilla, puedes salir a donde quieras, con quien quieras, conocer, coquetear o hasta terminar en la cama con quien se te de la gana sin rendirle explicación a nadie o sentir culpa por ello; eres libre de hacer con tu tiempo lo que quieras y más allá del tiempo ¡con tu dinero! Y más allá del dinero ¡con tu cuerpo! Porque por más que podamos dárnoslas de santos inmaculados y casi vírgenes, la realidad es que todos disfrutamos del sexo ocasional ya sea planeado o después de una noche de peda. No faltará quien diga que es mejor si es con tu pareja, y no lo cuestionamos, pero vamos, que el sexo ocasional también tiene sus ventajas.

Y entonces llega el día, ese día en el que estás tan entregado a ti mismo, a tu espacio y ritmo de vida que piensas que no necesitas a una pareja a tu lado para ser feliz y sentirte realizado… Y de pronto empiezan las cancelaciones. Tus amigos no pueden salir porque tienen citas, no te pelan en el antro por estar en el beso con el novio, los fines de semana de comidas y drinks se convirtieron en encerronas y compromisos de pareja… ¿Y qué carajos estás haciendo tú?

No faltan los amigos que a los dos meses de relación ya están cuestionando tu estilo de vida de “locura y desenfreno” incluso cuando hace 10 semanas ellos la vivían contigo.  Esos que estando solteros decían que no había nada mejor que eso y ahora tratan de convencerte de que una vida en pareja no se compara con ninguna otra cosa, que derraman amor y no tienen otro tema de conversación que no sea su novio. ¡Qué hueva!

Ah, pero de pronto siembran la semilla y empiezas a preguntarte ¿y por qué no? Aunque uno lo niegue, la presión social que se llega a ejercer sobre nosotros los solteros para conseguir pareja puede ir afectando poco a poco, incluso sin que nos demos cuenta. De repente empezamos a pensar en ello, conocemos a algún vato y pensamos que igual y se podría dar algo bien, que enamorarnos de nuevo no sería tan mala idea y que lo peor que podría pasar es que la relación no funcione y uno regrese de vuelta al mercado.

¿En verdad existe gente 100% decidida y feliz con la idea de permanecer solteros? ¿O será que únicamente lo son mientras la etapa dura, pero secretamente esperan conocer a alguien y vivir el “felices para siempre” con el que crecemos como un ideal? Yo siempre fui el tipo de wey que no sabía estar solo, que brincaba de una relación a otra y muchas veces andaba con alguien sólo porque sí, así sin amor, sin interés alguno, sin deseos de que la relación prosperara. ¿Pero a dónde está destinado un noviazgo que inicia sólo por temor a la soledad? ¡A la mierda! Ahí es a donde va y sin boleto de regreso.

La cosa está así: si eres de esos solterones que se quejan a cada rato de serlo, entonces aplícate y no estés esperando a que el tipo de tus sueños llegue mágicamente a tu vida, porque si de algo estoy seguro es de que existen demasiados que odian la soltería pero se les arruga el de atrás para hablarle a alguien que les gusta, o que simplemente quieren que sea el otro el que les llegue y dé el primer paso, ¿así cómo? La cuestión chingona está no sólo en hablar sino también en actuar, no hay de otra.

Y si eres de esos que están solos porque prefieren dedicar su mente, tiempo y dinero en cosas más importantes, huyen del drama y desgaste que implica tener novio o sólo porque no conciben la idea de estar con una sola persona y perderse del placer de vivir su sexualidad libremente, entonces que te valga si a los demás no les parece. Total, si algún día llega el amor llegará aunque lo resistas con o sin la presión de nadie, y mientras tanto uno disfruta de lo que vive en el momento, aunque le digan zorra de nalgas prontas.

La decisión de no enamorarse la tiene cada uno, y las razones detrás de ello pueden ser mil diferentes y todas igual de válidas y justificables. Una cosa es segura, estar soltero no es malo ni negativo, aprender a estar contigo mismo sin ser dependiente emocional de nadie es una de las mejores lecciones que se pueden aprender en la vida, y nada tiene de malo si disfrutas pero esperas encontrar algún día a un igual que también pueda estar sin ti, pero prefiera estar contigo.

¿Y qué si somos solterones? ¿Y qué si los amigos nos llaman quedados? Espérate a que descubran al novio con los pantalones en los tobillos y un tipo frente a él de rodillas, o a que tengan una pelea que los lleve a terminar. ¿A quién van a recurrir? Entonces el ciclo empezará de nuevo y ser solteros es lo mejor que les ha pasado… Hasta que encuentran nuevo ligue.