martes, 27 de enero de 2015

¿Andarías con alguien VIH+?



Andarías con alguien que tiene VIH? Sé honesto… ¿Cuál es la primera respuesta que llegó a tu mente?

Cuando hablamos de VIH es muy común que la mayoría llegue a sentir temor, pero es mucho más común que uno piense que algo como eso “jamás le va a pasar”. Hablando de temas como este no importa la edad, de nada sirve si eres joven o no, el caso es que creemos que somos inmunes, que estamos exentos y muchas veces que un condón es suficiente para evitar llegar a ser portadores del virus. ¿En verdad crees que eso es todo lo que necesitas?

Debo decir que yo me he hecho la prueba del VIH en algunas ocasiones, y no hubo ninguna de ellas en la que no sintiera nervio y miedo durante la expectativa de los resultados. Sentía miedo porque en algún momento me ganó la calentura, porque pensé que nada pasaría y me olvidé de usar un condón. Y a pesar de que afortunadamente todas mis pruebas han salido negativas, la realidad es que no se puede estar jugando con el destino.

Supón que tú lo tienes, hagamos de cuenta que eres VIH positivo. ¿Crees que eso te haría diferente de los demás? ¿Piensas que no mereces las mismas oportunidades de ser amado y disfrutar de una relación maravillosa como todos? Honestamente yo no tengo una respuesta definitiva a la pregunta principal de este texto, pero lo que es cierto es que si yo fuera el portador, me gustaría saber que por pequeño o grande que sea ese detalle para otros, la oportunidad de encontrar el amor sigue sobre la mesa.

Pensaba escribir este artículo en base a los comentarios de otros, a las tantas respuestas positivas que recibí y a unas cuantas muy nefastas, pero la verdad es que no puedo hacerlo de esa forma. No puedo dar por hecho que todos los que respondieron con un sí rotundo en verdad lo harían, de igual forma no puedo estar seguro de que aquellos que sin dudarlo dijeron que no, no cambiarían de opinión si el hombre en cuestión fuera el amor de su vida. Lo que sí puedo hacer es hablar de mí, de lo que pienso y de mi propia experiencia.

Nunca he salido con alguien positivo, no porque lo rechace, pero porque jamás he conocido a alguien en el plano amoroso que sea portador. A quien sí conocí fue a un gran amigo, un hombre con tanta vibra positiva como belleza física y emocional; y sí, tenía VIH. Me contó que lo tenía desde muy chico y me lo dijo como si hablara del color de su cabello. Así sin más, sin darle importancia, sin dejar que fuera eso lo que lo definiera. ¿Sabes qué otra cosa tenía? Una relación más duradera y estable de la que yo he tenido jamás.

Creo que nunca he conocido a una pareja tan comprometida y feliz como la de ellos. Se entendían a la perfección, se amaban, se respetaban y créeme, por lo que llegué a saber en esas charlas subidas de tono, su vida sexual era por demás envidiable. Sí, su pareja era negativo, y para él eso nunca fue un impedimento o una barrera tanto en la cuestión emocional como sexual. Y yo siempre me pregunté… ¿Cómo demonios lo hacen?

Quizá no existe una fórmula, probablemente nunca sabré la respuesta, pero lo que sé es que hasta el último día de vida de mi amigo, fue feliz. Y gran parte de esa felicidad se debió a que encontró el amor en alguien sin prejuicios, sin miedos, con suficiente valor para estar a su lado sin importar nada. Creo que ahí está la clave, en que no todos somos ese tipo de hombre.

A muchos nos gana el miedo, esa estúpida mentalidad que nos dice que no es bueno, y en gran parte la inmensa falta de información en cuanto al tema. Es muy fácil decir que NO cuando los temores nos ganan, cuando nos ponemos a pensar lo que otros podrían pensar, cuando creemos que al estar con alguien positivo inmediatamente van a deducir que tú también lo eres y ¿¡cómo va a ser posible!?

Nos limitamos a ver la etiqueta sin hacer un esfuerzo por ver a la persona detrás, al ser humano, al hombre. Queremos lo mejor para nosotros sin preguntarnos antes si nosotros somos lo mejor para alguien más, pensamos que por no ser portadores de VIH somos mejores y muchas veces albergamos la estúpida idea de que todo el que lo tiene se lo ganó por andar de caliente, sin saber exactamente cómo fue que terminó siendo positivo.

¿Será que aún no estamos listos para darnos cuenta de que los tiempos han cambiado? ¿Será que a pesar de que muchos van por ahí pidiendo igualdad y navegando con bandera de activistas en el fondo siguen siendo intolerantes a aquello que no conocen? Si en lugar de VIH habláramos de una persona con cáncer, ¿la reacción sería la misma? Entonces… ¿estamos rechazando a alguien por ser diferente, o en realidad el temor es a la idea de amar a alguien que tenemos más probabilidades de perder?

Existen muchos factores a tomar en cuenta antes de responder si tendrías una relación con alguien que es VIH positivo, pero sean cuales sean lo importante es que no estén basados en el miedo. Sí, el VIH es contagioso, pero también lo es la estupidez, y al menos yo preferiría enamorarme de alguien VIH positivo que de un hombre tan estúpido que defina a otros por lo que tienen, y no por lo que son.


¿Tú qué harías? 

martes, 20 de enero de 2015

La carne es débil... ¿Una relación es sólo de dos?



 ¿Amor o sexo? ¿Sexo o amor? ¿Ambos? ¿Juntos o separados? Tantas preguntas y un solo conflicto. Durante mucho tiempo he querido escribir acerca de este tema, pero honestamente no me atrevía a hacerlo porque aún no definía una postura personal al respecto. Y es que cuando hablamos de amor y sexo no todos tenemos la capacidad, madurez o experiencia, para saber separarlos cuando la situación lo permite.


Es muy cierto que tanto el sexo con amor, como sin el son posibles. ¿Cuál sabe mejor? Eso es cosa de cada quién, pero lo que también es cierto es que cuando se trata de separarlos a veces nos cuesta un huevo y la mitad del otro. Para que me entiendan mejor y no darle tantas vueltas… ¿Qué pasa cuando verdaderamente amas a tu pareja pero sexualmente necesitas algo diferente?

Ah, llegamos al punto. Por ahí dicen que a veces de tanto comer caviar de pronto se antojan unos buenos tacos de frijoles sin importar qué tanto disfrutes la hueva de pescado. Total, imagina que por meses; o quizá años no has probado otra cosa que no sea un sándwich de jamón. Es lógico que un día vas a despertar con antojo de otra cosa, y por más que digan que pueden existir mil formas diferentes de preparar un sándwich de jamón para darle otro sabor, en el fondo TODOS sabemos que sigue siendo LO MISMO.

Por años pensé y me convencí de que mientras amaras a alguien era imposible echar pasión con otra persona. ¡Vamos! Que ni siquiera me podía pasar por la mente, y es que en mi mundo de caramelo creía que el amor era fuerte, poderoso, y suficiente. Tras años de experiencias, relaciones, enamoramientos, tipos que van, vienen y se vienen, he llegado a la conclusión de que desafortunadamente no es así.

Muchas veces escuché el famoso “somos hombres y tenemos necesidades” o aquél que dice “la carne es débil”, y pensaba que se trataban de meros pretextos para andar metiendo la ver…dura en la canasta de cualquiera. Hoy, en pleno 2015 y con casi 28 años de edad, debo confesar que mi mentalidad ha cambiado, ¡y no porque me guste andar de caliente! Eso es aparte, sino porque conforme la sociedad evoluciona nosotros lo hacemos con ella.

Aquí no se trata de infidelidades, sino de acuerdos. No hablamos de ser cabrones sino de ser realistas y honestos. Digamos que el amor de tu vida se va de viaje por 1 año, sí, aunque pueden visitarse te aseguro que lo harán quizá una vez al mes si bien les va y dependiendo de lugar en el que esté. Estando separados, ¿puedes pedirle fidelidad? Planteemos la pregunta desde otra perspectiva: ¿crees que aunque se lo pidas va a tener la fuerza suficiente de hacerlo? Otro giro más: ¿la tendrás tú?

A la hora de hablar de sexo siempre pensamos en lo placentero que es, en lo mucho que lo disfrutamos y en la cantidad infinita de posibilidades que hay para tenerlo. Pero cuando estamos enamorados pensamos en el sexo como algo prohibido fuera de tu relación de pareja. Y todos sabemos que cuando algo es prohibido a veces resulta mucho más excitante. ¿Qué prefieres? ¿Qué tu pareja te mienta y te diga que no se acuesta con nadie más? ¿O al menos saber que ambos pueden hacerlo sin que afecte el sentimiento que existe entre ustedes?

No estoy diciendo que vayan todos a ponerle con quien se les de su gana y engañen a su novio, no. Lo que estoy diciendo es que creo que es posible tener una relación basada en la confianza, la comunicación y LA VERDAD. Si bien los celos muchas veces juegan una parte fundamental en las relaciones, también existen diferentes formas de celar a tu pareja.

El hecho de que tu novio se acueste con alguien más NO quiere decir automáticamente que no te ama, lo que SI quiere decir es que en el momento estaba caliente. NO quiere decir que tú no seas bueno en el sexo, lo que SI quiere decir es que a pesar de eso la atracción por otras personas SIEMPRE va a estar presente. Piensa, ¿por qué en otras culturas no existe problema alguno con tener más de una pareja? Ahí tenemos a los árabes con sus varias esposas, o no nos vayamos tan lejos, a los europeos con una idea del amor y el sexo mucho muy diferentes a la nuestra. ¿Por qué para ellos es más normal el poder llevar una vida amorosa a la par de una vida sexual abierta?

Me atrevo a decir que todo está en la mente, la educación, la crianza y la madurez. En las tres primeras no hay nada que podamos hacer, así nos enseñaron a la mayoría en Latinoamérica. Crecimos pensando en el amor idílico de las telenovelas y películas, lleno de drama e intensidad, soñando con el hombre perfecto que sólo tenga ojos para uno y que no quiera ni ver a alguien más. Pero por el último; la madurez, sí que podemos hacer demasiado. Porque la experiencia te da armas, el crecimiento te abre la mente y mientras más vives más aprendes.

Quizá te cueste entender la idea del amor libre, pero existe. Quizá te estés enojando al leer esto por descalificar al amor como platónico y monógamo, no lo sé. Lo que sé es que si algo he aprendido es que la mentalidad, las ideas, las relaciones, así como el amor y el sexo son materia, y no se crean ni se destruyen… se transforman.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tipos de novios… ¿Cuáles son los peores?



Existen muchísimos tipos de novios. Los hay amorosos, entregados, divertidos, sexuales, esos a los que tu familia ama desde el primer momento o aquellos que tienen un no sé qué que nos resultan demasiado atractivos. Por otro lado, también existen ese tipo de novios que sólo nos dejan en la mente 5 sencillas, pero decisivas palabras: NO LO VUELVO A HACER.

Para este artículo me puse las pilas (no quiere decir que en los otros no lo haga, aclarando) y a amigos, gente en la calle y a través de mis redes sociales hice la siguiente pregunta: ¿Cuál es el tipo de novio que NO quisieras tener jamás? Como siempre, las respuestas variaron en grados impresionantes, pero después de una (ni tan) exhaustiva revisión de las respuestas obtenidas, llegué a la conclusión de que existen 8 tipos de novios que NADIE quiere tener.

El Patán


Estos son peores que una patada en nuestro sagrado miembro viril. El novio patán es aquél que tiene cero respeto por otros. Ese que trata a los demás como si fueran sus criadas (a veces incluyéndote). Se sienten deseados por todos y tienen el ego hasta por los cielos. Los patanes carecen de valores y muchas veces no respetan ni a su progenitora, son esos que piensan que hasta te hacen un favor por estar contigo y dejar que te vean de su mano “porque son demasiado cool y famosos en el ambiente”. Al patán parece que la educación le pasó de noche porque en rara ocasión se le nota.

 Al terminar una relación, son esa clase de tipos que publican cosas como “tú te lo pierdes y yo me lo ahorro”, pensando que son TAN importantes que jamás los vas a superar. #WTF.

El Urgido


¿A quién no le ha tocado uno de estos? El novio urgido es aquél que al mes de relación ya está hablando de vivir juntos, en su mente ya tiene lista toda la decoración de la casa que van a compartir, cuántos perros van a adoptar, quién va a cocinar y quién a lavar el baño. Va, sabemos que en estos tiempos atrapar a un hombre que valga la pena está cañón, ¿pero porqué la prisa?

El urgido muchas veces le tiene tanto miedo a la soledad que igual y ni siquiera sabe tu segundo apellido y ya se ve caminando al altar mientras suena “Halo” de Beyoncé en el fondo. Con alguien así, lo que puedes esperar es que a la segunda cita ya quiera conocer a tus amigos y hasta a tu familia porque a veces piensan que si abarcan TO-DOS los aspectos de tu vida te va a ser más difícil dejarlos. #QueMiedo.

 El Sucio


No, no me refiero a la cuestión sexual. Nos queda claro que a muchos nos gusta un poco de puerquez en ese sentido, ¿no? El novio sucio es aquél que es por demás descuidado no sólo en su aspecto personal sino también en todo lo que lo rodea. Seamos claros, una cosa es que (como a mí) le guste el look fachoso y despreocupado y otra muy diferente es que se vea y huela como vagabundo de colonia marginada. ¿A quién se le antoja besar a alguien a quien le apeste la boca? Un tipo sucio es aquél que tiene su casa hecha un asco a tal grado de que al ir al baño a hacer del 2 le piensas varias veces porque no vaya a ser que un bicho salte y se te meta por el ajay.

La neta, alguien que no se preocupa por sí mismo y su higiene deja mucho qué desear. Y es que si bien a veces un ligero aroma a sudor puede excitarnos, si le sumamos los demás aromas provenientes de pies, boca, cabeza y hasta de la entrepierna ya no se antoja igual. #Wakala

El Adicto


Dicen que toda adicción es mala, pero existen algunas que pueden llegar a encabr*narnos tanto que llegamos a un punto en el que la tolerancia sobrepasa su límite. El adicto es aquél que pasa dedicando la mayor parte de su tiempo a una cosa en particular, llamémosle alcohol, drogas, cigarro, celular o hasta al porno.

¿Quién quiere a un tipo que se la pasa borracho casi todos los días de la semana? ¿O a uno que no puede encontrar la diversión sin meterse equis pastillita? Ni qué decir de aquellos que nos hacen perder la paciencia estando pegados a su celular las 24 horas del día como si el no revisar su Facebook por 2 horas fuera a causar la extinción de la raza humana. Ahora que hablando del porno muchos quizá dirán que es una exageración, pero pónganse a pensar en lo siguiente: ¿Qué sucede cuando tu pareja prefiere masturbarse viendo porno que echar pasión contigo? Ah verdad, ahí ya no está tan padre.

Cuando una persona es adicta a algo, ese algo ocupa una prioridad mayor en su vida, sí, mucho mayor que su relación. ¿Y qué pasa cuando la adicción es hacia su pareja? Tampoco está cool, y es que si bien quizá él no se harte de estar contigo, tarde o temprano el que se va a hartar vas a ser tú. #UrgeRehab.

El Inseguro


¡Uy! Y de estos hay muchos. El típico novio inseguro es aquél celoso, posesivo, intenso y demandante. Ese que quiere saber qué estás haciendo, en dónde y con quién cada hora del día. Ese que excusa sus inseguridades diciendo que “se preocupa por ti” o que “te extraña a cada momento”. Sí, sí, ¡pero tampoco se pasen de v*rga!

Tener a tu lado a un hombre inseguro no sólo es estresante y dañino para tu salud física, mental y emocional, sino que también a largo plazo termina dañándolos a ellos. Quizá no se sienten tan guapos y creen que te vas a ir con cualquiera que te salude, o han tenido tan malas experiencias que desconfían de cualquiera de tus amigos y pueden llegar a prohibirte salir con tal o cual porque “de seguro quiere contigo”. Este tipo de novio te arma dramas por cualquier cosa, que si no contestaste el teléfono o lo dejaste en visto en Whatsapp, que si le dijiste que ya te ibas a dormir pero le diste like en Instagram a las fotos de no sé cuántos tipos durante la madrugada. Estos, a mi ver, son de los peorcitos. #PenaAjena

El Chichifo


Casual, este es el tipo de novio que nada más te usa para su beneficio. Cuando hablamos del chichifo no se trata de que únicamente sea un tipo de hombre al que le pagues desde la cena, el antro, los tragos o hasta la ropa. Un chichifo todavía va más allá, y es que existen aquellos que además del beneficio económico también “chichifean” atención.

Este tipo de novios son los que andan contigo para involucrarse en tu ambiente, conocer a tus amigos, darse a notar y sentirse parte de cierto grupo de personas. ¡Patéticos! Un novio así va a estar a tu lado hasta que obtenga de la relación todo lo que haya podido y después brincará a otra cama que le ofrezca algo nuevo, y a menos de que tengas más de 50 años, ya nadie te pele y estés dispuesto a pagar por compañía, NADIE quiere involucrarse con alguien así.  #PorInventadas.

El Martir


Este es muy gracioso, pero no por eso menos peor. El novio martir es aquél que se la pasa quejándose de todo lo que le sucede, ese que SIEMPRE adopta un papel de víctima que hasta Maria la del Barrio se queda p*ndeja a su lado por tanta desgracia que le ocurre. 

En casos como este, estos novios se tiran al suelo para que los recojas (y no en doble sentido) porque creen que es la única forma de atraer más tu atención. Y mira que pueden lograrlo MUY fácil. El desgaste emocional que se vive con una pareja de este calibre es impresionante, y es que no estarán contentos hasta que sientas sus problemas como tuyos y te arrastren con ellos a la depresión y el lamento. ¡Aguas! Que si bien muchas veces sus historias de vida y experiencias sí son deprimentes, estos van a sacarle todo el provecho que puedan para mantenerte a su lado y aplicar el famoso dicho “Misery Loves Company”. #PobrecitaPobrecita

 El Infiel


¡Bueno! ¿Qué podemos decir de este? En el caso de este tipo de novio fue muy interesante que cuando pregunté por los peores tipos de novios sólo pocas personas mencionaron al infiel. Ah, pero cuando dejé entrever que entonces a pocos les molestaría andar con alguien “golfita” la GRAN mayoría me dijo que el novio infiel se daba más que por entendido entre los peores.

Y sí, ¿quién quiere a alguien que le esté poniendo el cuerno cada que se le da su ching*da gana? Ok, estoy de acuerdo en que quizá muchos estén en un punto de aceptación (open mind, que le llaman) en el que no vean el sexo con otros como algo precisamente malo para su relación, pero la cruda realidad es que la mayoría aún espera que alguien se enamore TANTO que ni siquiera se le pare viendo la foto de Nick Jonas agarrándose el paquete.

Bien dicen por ahí, el que es infiel una vez lo será cuántas veces quiera. Y a menos de que seas de los que apoya la idea de que vinimos a este mundo a compartir todo lo que tenemos, mantener una relación con alguien que no esté satisfecho con lo que tú le provees en la cuestión sexual no te va a llevar a ningún lado. #NoEsZorraEsCoqueta



El patán, el urgido, el sucio, el adicto, el inseguro, el chichifo, el martir, el infiel… ¡Lotería! Aquí es donde debo confesar que ya pasé por todos estos y créanme que NO LO VUELVO A HACER, para andar con esas mam*das mejor sigo recurriendo a aquellas que son libres de compromiso y sin drama de por medio. ¿O acaso no es mejor?


¿Te ha tocado uno de estos o crees que faltó alguno en la lista? ¡Coméntale! ;) 

martes, 25 de noviembre de 2014

¿Quieres asistir completamente gratis al concierto de Yeho en Hit Night Club? ¡Aquí te decimos cómo!



El cantante israelí Yeho se encuentra en por primera vez en México promocionando su más reciente disco "Close To You" y #NoTanRosa te invita completamente gratis a su concierto el próximo Jueves 27 de Noviembre en Hit Night Club. 

Si quieres ser uno de los ganadores de los 10 pases dobles que tenemos para ti, sólo tienes que dejar un comentario en la parte de abajo con tu nombre completo. ¡Es todo! 

¿Quieres conocer más de Yeho? Te dejo por aquí algunos de sus videos más destacados para que te vayas ambientando y preparando para el show. 







martes, 30 de septiembre de 2014

Los mitos alrededor de las vestidas (Parte 2)



Pues bien, para todos aquellos que leyeron la primera parte de esta columna, ha llegado la hora de transmitirles lo que pienso de las vestidas ahora que finalmente pude platicar con una cara a cara y sin prejuicios como lo prometí en el artículo anterior. Y déjenme decirles que no resultó nada cómo yo lo hubiera imaginado.

Mi intención era sentarme a tomar un café a plena luz del día, pero por cuestiones de agenda y la extensa carga laboral me fue imposible llevarlo a cabo de la forma planeada, así que mi cita con Andrea se dio por la noche y simplemente caminando. Honestamente creo que un acercamiento tan simple y amistoso fue mejor y permitió que las preguntas, respuestas y pensamientos salieran tan fácil como si se tratara de cualquier caminata con una amiga.

El primer pensamiento que me pasó por la mente al verla fue que verdaderamente era hermosa, por donde la vieras parecía una mujer de verdad y creo que sólo al tener intimidad podrías darte cuenta de que la realidad era otra. Se mantenía siempre sonriente a pesar de que en mi correo le había advertido que mis cuestionamientos no serían quizá muy amables, pero no le importó y dijo que estaba preparada para ello (aquí cabe a bien mencionar que aunque yo tenía ya alguien en mente cuando escribí la primera parte del artículo ella escribió a mi correo ofreciéndose para la entrevista).

Total, la charla inició y aunque no voy a transcribir lo que hablamos, sí voy a tratar de plasmar todo lo que sentí, pensé y las conclusiones personales a las que llegué gracias a esos casi 100 minutos que pasamos juntos.

Una de las cosas que llamó mi atención es que no le molestaba ser llamada “vestida”, al final de cuentas, dijo, es así como se les conoce popularmente y aunque no estaba completamente de acuerdo con el mote, tampoco le incomodaba que fuera usado, no podían llamarla “mujer” porque no lo era. Pero, ¿quería serlo? No. Sus intenciones al recrear y transportarse a sí misma al ámbito femenino no eran convertirse en una, ni siquiera ser vista como una pues llevaba una vida diaria como hombre sin problema alguno, pero disfrutaba personificar a una mujer y ponerse los tacones pues la hacían sentirse bella. Aunque eso sí, fue muy clara al pedir que mientras se viera como mujer fuera llamada como tal. “En el día puedes decirme cabrón, wey o amigo, pero una vez tenga la peluca y los tacones puestos soy una chava y exijo ser tratada como una”.

Y como ella existen muchas que no se visten por el deseo de ser mujeres. Algunas sólo lo hacen por diversión, otras por trabajo y otras tantas sí, por esa necesidad de actuar y verse como lo que realmente piensan que son. Así que no pude evitar preguntarle su opinión acerca de las personas transgénero y mi sorpresa al ver que compartía un poco mi punto de vista fue mucha. “Yo los respeto sin problemas, aunque eso no significa que entienda su necesidad de cortarse el pito y en su lugar crear una vagina falsa, al final no importa si te pones pechos, si tienes algo semejante a una vagina entre las piernas o si no te crece vello. Nada de eso cambia el hecho de que toda tu vida serás un hombre aunque hagas todo lo posible por dejar de ser uno, nunca vas a ser vista como mujer sino como trans”.

Aún así, su amistad con mujeres trans no se ve afectada por su forma de pensar, pues se enorgullece al decir que entre travestis mantienen un nivel de honestidad brutal que sólo ellas pueden entender. Entonces uno no puede llegar y decirles que son tipos porque se ofenden, pero si se lo dicen entre ellas no hay problema, algo así como cuando le dices puta a tu mejor amigo, pero si otro viene y lo llama de esa forma no lo vas a permitir. Claro, si es que eres un buen amigo.

Otro de los mitos alrededor de ellas es que son todas rudas y violentas, y al cuestionar acerca de ello reafirmé algo que pensaba desde siempre. Sí, la mayoría pueden llegar a serlo porque es la única forma en la que pueden defenderse de tanto rechazo, de la agresión física y verbal de la que son víctimas. Su fachada de “chicas malas” les sirve como método de supervivencia, pero al menos con Andrea pude comprobar que una vez acercándote de la forma correcta no hay nada qué temer. Así que aquí aplica el famoso dicho que dice que “como trates serás tratado”, sin más ni más.

En mi caso siempre pensé que las travestis eran prostitutas, todas ellas. Pero claro que estaba en un error. Aunque sí existen muchas que por necesidad o simple placer se dedican al servicio del sexo, no todas tienen como meta principal hacerse ricas de la manera más fácil. Y es que si algo aprendí también es que ser un hombre que personifica a una mujer no es nada barato, los costos de los vestidos, tacones, pelucas, maquillajes y demás accesorios necesarios para lograrlo y verse lo más cercano posible a una chica son demasiado altos. “Y por lo regular tenemos gustos caros, no queremos parecer una chava de la prole sino una pudiente”.

¿Ustedes han visto a alguna vestida usar pantalones? ¿Una blusa decente en la que los “pechos” no quieran saltar a la vista de todos o una cola de caballo y sandalias? Al menos en la vida real yo no, todas ellas han desfilado con vestidos cortos, exceso de maquillaje y ropa ajustada que lo que menos da a pensar es que es en realidad una dama. Y es cierto que a veces por más que físicamente parezca una mujer se puede reconocer a un travesti por la forma en la que viste. Pero no lo hacen por parecer putas, sino por el hecho de que la femineidad para ellas la representan las faldas, el tacón alto, un pelo bien producido y un buen par de chichis. ¿Tienen algún problema al ser confundidas con sexo servidoras? ¡Claro que lo tienen! Pero no piensan salir a la calle de cara lavada y pants cuando la ilusión no se logra con ello.

Las vestidas sufren del mismo problema que todos los homosexuales en las producciones televisivas, la exageración de estereotipos y prejuicios. Así como en cualquier telenovela te ponen a un gay amanerado en exceso, peluquera, vistiendo de rosa y dando brincos por todos lados, Andrea me pone a pensar en las vestidas que he podido llegar a ver en televisión ya sea nacional o internacional y tiene mucha razón. Las ponen como prostitutas, drogadictas, bailarinas del tubo o rudas narcotraficantes. “¿En dónde están aquellas que no hacen nada de eso? Las que son esposas, trabajadoras, estudiantes o profesionistas no sirven para los medios porque no llaman la atención si no hacen un circo”.

Para este punto ya estamos sentados en una banca y la conversación es más fluida, ya no se trata de preguntas y respuestas sino de un simple intercambio de opiniones. Ella no se avergüenza de que la gente mire dos veces para comprobar que es hombre, y para este punto yo no me avergüenzo de que me vean con ella. Algo está cambiando. Su personalidad es divertida y genuina, no pretende caerme bien para que escriba algo lindo sobre ella, pero tampoco me ha dejado salirme con la mía cuando ahondo en temas más personales como su familia, limitándose a decir que saben lo que hace y decidieron que no les importa. Estoy seguro de que así es, pero de que tampoco les importa ella desde que se enteraron.

Mis barreras mentales están desvaneciendo, me siento en confianza y creo que todo lo que pensé con anterioridad de las vestidas era resultado de la ignorancia y la falta de contacto, y eso mismo le digo a Andrea quien sorpresivamente me pide que no baje la guardia. “No todas somos iguales, así como no puedes confiar en que todo hombre gay o no o toda mujer vaya a ser buena persona”, y tiene razón. “Hasta a mí me ha tocado conocer perras rateras, traicioneras y mentirosas que han tratado de madrearme, por bonita (lo dice en alusión al famoso video de la marcha gay), así que aunque sea bueno que ahora pienses diferente, no sería bueno que generalizaras”, me dice mientras se mira las uñas ya con el esmalte algo desgastado.

Va llegando la hora de despedirnos y noto que hay algo que quiere decirme antes de que cada uno se vaya por su lado, así que le pregunto de qué se trata y para mi sorpresa me dice algo que con anterioridad he escuchado, pero que ya tomo con gracia. “Tienes rasgos muy bonitos, serías una mujer muy guapa”, me río un tanto nervioso y le digo que no creo que tenga razón, así que me ofrece un extreme make over una vez que me decida a intentarlo. Le agradezco el gesto y nos despedimos amablemente con un beso en la mejilla.

¿Cambió mi manera de pensar acerca de ellas? Debo decir que no del todo. Si bien ahora estoy conciente de que pueden llegar a ser muy agradables también lo estoy de que no podemos ir por la vida queriendo tapar el sol con un dedo, no todos somos buenos y no todos somos malos, no todos coincidimos y no todos entendemos, me queda claro. Pero también me queda claro que hay algo que sí podemos hacer todos y que es la clave para una convivencia sana e incluyente, y todo se reduce al respeto. Ellas existen y son como tú y como yo, nada las hace diferentes, porque si creemos que su forma de vestir, pensar y querer ser las hace diferentes entonces estaríamos ignorando que es algo que todos hacemos sin excepción. ¿Y qué sería de una sociedad sin gente que rompiera moldes e hiciera un cambio?




Los mitos alrededor de las vestidas (Parte 1)


¿Qué es lo que la mayoría sabemos y pensamos de las “vestidas”? Que son hombres tratando de ser mujeres, que muchas de ellas se prostituyen, que la GRAN mayoría se visten de forma vulgar, son agresivas, rudas y a veces dan tanto miedo que lo único que uno quiere es tenerlas de lejos. ¿Tú no las ves de esa forma?

Y es que la neta, ¿qué son? Muchas veces uno no sabe si referirse a ellas como hombre o mujer, si un simple comentario las va a ofender o siquiera si ellos mismos se asimilan completamente como parte del sexo femenino. ¿Ven? En sólo dos líneas tuve que utilizar ambos géneros por la falta de contacto e información que durante muchos años ha existido en mi vida acerca de esos seres de la vida nocturna que (debo decir) pareciera que tienen muchos más huevos que uno al atreverse a salir a la calle en tacones, falda y peluca sin importarles el qué dirán o si la gente va a juzgarlas o mentarles la madre.

No es mentira, en los casi 10 años que tengo desde que acepté mi homosexualidad y empecé a frecuentar antros gay, sólo dos veces en mi vida he tenido contacto con un hombre travestido, la primera porque en una fiesta uno de mis amigos me presentó a uno aprovechándose de mi ebriedad, por lo que no tuve más remedio que saludar y retirarme hacia otro lado mucho más lejano. Dime mamón e intolerante, pero la neta no me pasaba por la mente tener una amistad con alguien “así”.
La segunda fue mucho más graciosa, y un tanto humillante. Imagínate salir un par de veces con un tipo guapísimo, tan guapo que podrías jurar que los dioses tallaron su cara  a la perfección y rompieron el molde. El tipo se muere por ti, tú por él y todos felices, hasta que de repente deja de llamarte y no sabes nada de él por casi un mes. ¿Qué pasó? Que tiempo después voy de antro con mis amigos, y para no perder la costumbre y obedeciendo al ebrio que muchos llevamos dentro me dirigí a la barra por un trago, cuando sorpresivamente me atiende una vestida demasiado sonriente y un tanto nerviosa. Y su cara me parecía MUY familiar…

¿Le atinaste? Imagínate mi impresión y decepción al darme cuenta de que todo ese tiempo Pepito se moría por ser Pepita (literal) y que ahora tenía frente a mí a una hermosa mujer… ¡Mierda! Creo que los testículos se me fueron a la garganta y ni siquiera pagué mi trago con tal de alejarme de ahí tan rápido como me fuera posible. Aunque si algo bueno salió de todo eso fue el después saber que “Pepito” no me había dejado porque no le gustara, sino porque sabía que no querría estar con él teniendo planes de dejar salir su verdadero yo. Y obviamente tenía razón.

Estoy seguro de que mi impresión acerca de las vestidas, al igual que la de muchos, es más negativa que positiva. Las excluimos, las rechazamos y muchas veces hasta insultamos sin siquiera conocer bien qué es lo que pasa con ellas, qué hay en su mente, qué es lo que sienten con su cuerpo y su personalidad que las lleva a pasar por esa transición. Es por eso que me di a la tarea de tratar de averiguarlo, si bien no tanto por el morbo de escribir acerca de ellas, sí por el reto personal de ir dejando atrás esa intolerancia hacia otras personas homosexuales de comportamiento diferente que nos caracteriza.

Sobra decir que ya me eché todas las temporadas de RuPaul’s Drag Race encontrándolas adictivas, divertidas y hasta ganas me dieron de tener una amiga drag. ¿A poco no sintieron lo mismo todos los que han visto el programa? Otros más hasta han tenido ganas de sacar su vestida interior y ser toda una “panther on the runway”, pero verlas en un show en televisión no es lo mismo que sentarte en un café a las 4 de la tarde a platicar con una de ellas, (mandando a la mierda ese temor a que te vean en público a plena luz del día y que puedan pensar que estás contratando una prostituta).

Por eso en esta primera parte les quise contar mi forma de pensar, mis temores al respecto, mis experiencias, pero de lo que estoy seguro es de que una parte de mi se muere de ganas por tomar ese café, por preguntar, por platicar con una dispuesta a hablar sin pretenciones o manteniendo ese escudo de fuerza que tanto las caracteriza, siendo ella, o él, o lo que sea, pero sin otra máscara más que la que implica el maquillaje. Y el resultado de esa charla será la segunda parte de este artículo que probablemente pueda ayudarnos a mejorar la imagen que muchos tenemos acerca de ellas, o probablemente no.


Pero si de algo estoy seguro es de que no todos los que se visten quieren ser mujeres, no todas son vulgares y no todas son prostitutas, o al menos eso quiero creer. Ya lo comprobaré y les contaré lo sucedido. Pero por esta semana y sin conocer más aún… Lo siento queridas, pero todas ustedes están nominadas para la eliminación. The time has come, for you to lipsync… for your life! 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Sexting: Todos le entramos al encuere.


 Venga, que levante la mano aquél que jamás haya enviado fotos comprometedoras o videos de esos que denominan XXX…  Aunque no puedo ver quiénes lo hacen o no, puedo asegurar que son extremadamente pocos los que nunca han intercambiado ese tipo de material con alguien por Whatsapp o en el chat de Facebook.

Sí, sí, algunos cuántos se las van a dar de muy santos y a llenarse la boca diciendo que ese tipo de cosas son para la gente “zorra” y que la educación que recibimos en casa tiene mucho qué ver con nuestro comportamiento tanto en redes sociales como en privado. Y a esos sólo puedo decirles: ¡Párenle a su mame! La realidad es que aunque sí, la educación tiene mucho qué ver con nosotros mismos, poco tiene qué ver con la libido, el morbo o la calentura. ¿O qué? ¿También van a decir que sus papás los enseñaron a tener relaciones sexuales para hacerlo de forma bonita y adecuada?

El intercambio de fotos y videos eróticos no es nada nuevo, nada que no se haya hablado ya en otros lados o que se desconozca. La diferencia al día de hoy es que con el auge de las redes sociales y la rapidez con la que un mensaje puede ser esparcido, lo mismo puede llegar a suceder con el material de contenido privado que le enviamos a alguien. Tan pronto como se crea un nuevo trending topic en Twitter esas fotos pueden llegar a cualquier lugar. Y aquí es donde seguramente empezarán a pensar que por eso hay que tener mucho cuidado y ser selectivos con la gente a la que se las mandamos. ¡Por favor! Estoy seguro de que esos con los que lo has hecho no son tus “amigos” o alguien a quien puedas llamar “de confianza” al primer momento. No, la mayoría hemos mandado fotos a alguien que ni siquiera conocemos o a quien apenas hemos visto algunas veces. No le vengan a mentir a Pinoccio.

Si bien para muchos puede llegar a ser un infierno el que ese tipo de material se haga público, para otros ha resultado más que favorecedor. Claro, si eres de esos llamados “pito chico” lo único que puedes esperar es que te tomen como burla y que la mayoría de los comentarios sean demasiado deprimentes, porque quien sea que haya publicado tus fotografías no lo hizo con el propósito de alabarte, créeme.
En cambio, cuando se tiene una herramienta de buen ver, lo que sucede es todo lo contrario. Muchos hasta vamos a agradecer que las hayan subido y querremos ver más, saber a quién pertenece y otros hasta ofrecérsele peor que comerciantes en el mercado ofrecen la fruta en oferta. Y aquí aunque el propósito haya sido “humillar” o hacer quedar al susodicho como una golfa, curiosamente el resultado es totalmente diferente.

¿Cuál es el beneficio de “quemar” a otra persona? ¿Les brinda satisfacción hacerlo? ¿Por? No puedo imaginarme la cantidad de rencor y el ardor que existe en la mente de ese tipo de gente, al grado de creer que tienen cierto “poder” sobre alguien al publicar algo tan íntimo. La verdad aquí es que ese poder es inexistente, esa adrenalina y furor que sienten cuando lo hacen desaparece tan rápido como llegó, ¿por qué? Porque aunque logren su objetivo lo único que hicieron fue ponerse a ustedes en un nivel inferior dándole a la otra persona una importancia mucho mayor a la que se dan a sí mismos. ¿Entonces quién tiene el poder? ¿Aquél que publica las fotos y videos o aquél que es tan importante como para provocar odio o satisfacción?

¡Vamos! ¿En verdad es tan grave que otros puedan llegar a verte desnudo? Sí, que tu familia llegue a ver fotos de su “muchachito” en pelotas puede ser vergonzoso, pero te aseguro que no es nada nuevo para ellos. ¿Cuál es el problema? Todos tenemos lo mismo aunque en diferentes tamaños, colores, grosores y formas, a fin de cuentas el cuerpo es el cuerpo y aunque para muchos sea cuestión de morbo, para otros nos es indiferente si lo enseñan o no.

Dudo mucho que la gente vaya a dejar de tomarse fotos hot o videos mientras se masturban, dudo más que dejen de enviarlos cada que se les de la gana. ¿Y tiene algo de malo? No. Lo malo es que las personas se espanten cuando lo llegan a ver, que se den aires de santidad cuando no existe diferencia entre ver fotos de desnudos profesionales o fotos del vecino encuerado. Que te llamen zorra o fácil por haberlo hecho. Y bueno… Si sí eres zorra, ¿qué? Cada quién elige qué hace, con quién y cuándo, para eso todos tenemos un cuerpo y la decisión de cómo usarlo. ¡A juzgar y dárselas de castos a otra parte!


¿Todavía te da miedo que alguien pueda hacer pública una foto tuya al desnudo? Va, pero recuerda una cosa: No hay publicidad mala, y a menos de que tengas algo de que avergonzarte o de lo cuál no estar orgulloso, algunos podemos decir que nos vale porque si nos llegara a pasar podríamos demostrar que nuestros padres tuvieron la delicadeza y atención de hacernos hasta los genitales bonitos y atractivos.