lunes, 8 de febrero de 2016

Él no va a cambiar por ti


Sé que no soy el único con síndrome de superhéroe allá afuera. Sí, probablemente tú que me estás leyendo en este momento padeces del mismo mal y no te has dado cuenta. Y es que la realidad es que existimos millones de superhéroes emocionales caminando por las calles en este momento. Esos que creemos que tenemos la capacidad y la valentía suficiente para aventarnos uno de los retos más grandes e imposibles del mundo, cambiar a alguien.

El ser humano por naturaleza tiene un sentido especial que lo lleva a crear lazos entre sí, algunos más fuertes que otros, pero casi todos hemos experimentado alguna vez el fuerte y a la vez estúpido deseo de ayudar a alguien, ya sea que hablemos de familia, amigos o compañeros. Pero otros tantos de nosotros también hemos estado en esa extraña situación en la que el objetivo a ayudar se trata nada más y nada menos que tu pareja.

Cuando empiezas a salir con alguien es lógico que inviertan algún tiempo en conocerse, intercambiar pensamientos, hablar de sus aficiones o identificar aquellas cosas que tienen en común, y aunque en algunos casos el lazo puede formarse casi inmediatamente, en otros no resulta tan sencillo lograr que la otra persona sienta o tenga interés por lo que nos está provocando. Y es ahí cuando nuestro foco emocional empieza a parpadear incitándonos a hacer algo más para demostrarlo.

Debo reconocer que yo soy de esos enfermos que siempre terminan enamorándose de tipos con pedos mentales o emocionales muy cabrones. Ya sea porque desde chicos les fue de la mierda o porque hayan decidido que así les gusta ser, el chiste es que un gran porcentaje de mis ligues o parejas han sido tipos con algún tipo de problema emocional fuertemente arraigado. Ya sé lo que estás pensando y en parte tienes razón, absolutamente TODOS venimos arrastrando problemas emocionales, la diferencia aquí es que existen muchos que tratan de resolver el misterio de otra persona antes de enfocarse en el suyo.

Nadie va a cambiar por ti. Es así de sencillo, y no importa lo que digas o hagas para remediarlo. Cuando una persona nos gusta, y la atracción es mutua, muchas veces nos obligamos a aceptar cosas que normalmente no nos gustarían en él. Que si los tatuajes, el estilo de vida, su estátus social o el que sea de clóset, si su personalidad es chingona o si es un antiosocial, el caso es que creemos que podemos trabajar en todas esas cosas que no nos laten tanto para poco a poco lograr irlas cambiando.
Pero, ¿por qué insistimos en creer que el amor es modificar a una persona a tu gusto? Tan fácil como que si no te gusta que un vato sea fiestero, no salgas con uno. Si te aburre que sea tranquilo y siempre esté en casa, búscate uno que disfrute salir, o si realmente quieres estar con alguien cariñoso, deja de torturarte estando con el que no demuestra el grado de cariño que sigues esperando sentir de su parte. Las personas no van a cambiar por ti.
Si eres como yo, una voz en tu mente te estará diciendo en este momento que sí es posible que alguien modifique su comportamiento si en verdad te quiere, pero si en serio eres como yo, sabrás que por más cómodo que te haga sentir el hecho de que tu wey se encierre en tu depa todos los fines para una sesión de “Netflix and Chill” cediendo a tus deseos, en el fondo no estás siendo más que un tirano que le prohíbe hacer cosas que le gustan únicamente para que TÚ te sientas mejor, y a la larga eso sólo puede provocar 2 cosas: O que se vaya a la mierda por no poder seguir siendo él mismo, o que se quede a tu lado para ser una persona miserable que solamente hace lo que la otra le permite. ¿Y en dónde queda la libertad?

Por más culero que suene, la realidad es que una persona no te puede gustar a medias. O es o no es, y por más que creamos que con el tiempo algunas cosas se pueden modificar, lo único que estamos haciendo es aceptando que nuestra pareja no nos llena por completo por lo que es, y que preferimos moldearlo a nuestra forma para hacerlo “perfecto”. Y es aquí cuando me pongo a pensar que el concepto del amor que tenemos está mucho muy lejos de ser el indicado.

El vato que te va a hacer feliz no es aquél que se comporte de la manera en la que quieres que lo haga, sino aquél que siendo él mismo va a hacerte sonreír todo el tiempo, ese que te emocione ver sin que te importe qué tipo de ropa esté usando, con el que te vale si hacen ridiculeces en público o si se la pasa haciendo comentarios estúpidos. Existe el hombre al que no le pidas que se vista de tal forma para conocer a tu familia, porque sin que se lo tengas que decir sabe que es una ocasión importante para ti y sabrá vestirse de tal forma que pueda sentirse cómodo sin quedar mal con ellos.

Más allá de eso, existimos hombres que parecemos un desmadre emocional y que podrías pensar que queremos conocer a aquél que nos va a salvar de la tortura sentimental en la que vivimos, así como también está la contra parte que quiere ser el salvador que le hará abrir los ojos y ver que el amor real sí existe, pero la verdad es que ni uno está pidiendo ayuda, ni el otro tendría que tomar la responsabilidad de hacerlo. Las relaciones no funcionan así.

Lo que estás haciendo es esperando que alguien se quede a tu lado por agradecimiento, no por amor. Que valore todo lo que hiciste por él y eso lo anime a quedarse, sabiendo que si está contigo es por lo que te debe, no porque totalmente lo desea. ¿En serio ese es el tipo de “amor” que crees que mereces? Date cuenta, cuando tratamos de cambiar a alguien se trata en realidad de cambios que tenemos que hacer con nosotros mismos.


Es muy sencillo pensar que si alguien quiere estar contigo tiene que acoplarse a ti, lo difícil viene cuando eres tú el que tiene que acoplarse al otro. Cuando eres al que tratan de cambiar, cuando crees que necesitas ser diferente para estar con ese alguien, cuando te vas olvidando de ti mismo por ser lo que el otro espera, más difícil aún cuando ves que poco a poco tú estás cambiando por alguien, pero que nadie está cambiando por ti.


Y es que hay una cosa que debemos tener muy clara… Aunque alguien cambie hasta ser perfecto ante tu mirada, siempre es más atractivo alguien cuya personalidad auténtica nos haga voltearlo a ver, más que ese que creemos poder cambiar con el tiempo. Y es que si somos honestos con nosotros mismos entonces tenemos que reconocer que queremos encontrar a alguien que nos ame como somos sin intentar cambiarnos, y será cuando tengamos la madurez de aceptar eso que podamos aceptar también que lo mismo ocurre del otro lado, y que él no va a cambiar por ti.   

Me rehúso a ser un gym freak



Desde tiempos ancestrales los gays hemos vivido a la sombra de un estereotipo por demás establecido en la sociedad. Se nos ha encasillado en profesiones como estilistas, diseñadores, decoradores, planeadores, etc. así como también se nos relaciona en extremo con la moda, las tendencias, la belleza y el cuidado físico.

Dicho esto, se podría entender que para ser el homosexual “perfecto” uno está casi obligado a ser una reproducción del muñeco Ken, ese de cara cincelada por los dioses y cuerpo de surfista californiano. La verdad es que nadie sabe a qué se dedica Ken, qué le gusta, si lee o prefiere cocinar, o si tiene la capacidad de sostener una conversación interesante, pero a nadie le importa. Ken se ve bien y en el mundo gay eso es más que suficiente.

Quisiera decir que este absurdo sistema de aceptación va desapareciendo poco a poco de nuestras formas de interacción, que las nuevas generaciones son mucho menos superficiales y más consientes, que el rechazarnos unos a otros por cuestiones físicas va quedando en el pasado, pero no. En realidad está ocurriendo todo lo contrario.

Los chavos de ahora son mucho más banales que esos que ya andamos rondando los 30, desde muy chicos tienen el entendimiento de que para “triunfar” en el ambiente gay y ser notado (y probablemente respetado) hay que ser bien “perrita”, y no nada más en actitud, sino también; y prioritariamente, en la forma en que te ves. Por ello gran cantidad de vatos de todas las edades abarrotan los gimnasios por toda la ciudad, buscando siempre mejores cuerpos que les abran las puertas a mejores ligues y les refuerce la autoestima.

No importa si eres gordo, flaco, alto o chaparro. Siempre TIENES QUE ir al gym, ejercitarte, cuidarte y trabajar en un físico ideal. Pero, ¿por qué lo hacen en realidad? ¿Por salud, por gustarse a sí mismos, o por seguir una tendencia que en lo personal me parece deprimente? Va, que a lo mejor van a pensar que estoy exagerando, pero no. Existen muchos chavos que se matan haciendo dietas y yendo al gimnasio para complacer a otros, para sentirse más seguros y salir a la calle con un poco más de confianza, para poder sacarse una foto y subirla a Facebook sabiendo que no van a hacer el ridículo, y que eso les va a traer muchas más posibilidades de conocer hombres guapos con quienes ligar, coger, ¿o quién sabe? Igual y también puede ayudarles a encontrar el amor más rápido que a los pobres y esqueléticos mortales.

Pero la realidad es que por más músculos que tengan, el ex gordo siempre se sentirá gordo y acomplejado, así como el ex flaco siempre querrá más y nunca le será suficiente, quizá aprendan a sentirse cómodos con su nuevo cuerpo, pero lo que vean al espejo será completamente diferente. Y es que la única clave para sentirse bien es aceptarse y quererse a sí mismos. En mi caso, por años me han presionado todo el tiempo para que me meta al gym, diciendo que por mi delgadez será mucho más rápido marcar, que no soy particularmente feo y puedo lograr mucho más con un cuerpo trabajado, hasta han tenido el descaro de decir que “le gusto, pero no sale conmigo porque soy muy flaco”.

El problema aquí no es si me ejercito o no, el verdadero problema es que existan personas tan idiotas diciendo ese tipo de cosas y rechazando gente sólo porque no entra en su ideal superficial de hombre perfecto. ¿Acaso no se dan cuenta de que existen otros con una autoestima vulnerable, y a los que un comentario de ese tipo puede marcarlos de por vida?

Mis estimados gym freaks, aunque ustedes puedan no creerlo o pensar que es imposible, existimos gays 100% contentos con nuestros cuerpos flacos, seguros de nosotros mismos y que no necesitamos un cumplido de su parte para sentir confianza, que amamos la forma en que nos vemos y preferimos llegar a estar con alguien que haga lo mismo que con uno que pretenda cambiarnos. Existimos gays a los que nos importa poco la marca de la ropa, el restaurante en el que comemos o dónde vacacionamos, gays que preferimos leer a Xavier Velasco que hojear una Men’s Health. Gays que preferimos ser “perras” por nuestros logros personales y profesionales más que por aquellas razones por las que comúnmente llamamos a alguien así en el ambiente. Gays que no crecimos con el muñeco Ken como referencia, y que seguimos agradecidos por ello.



No estoy afirmando que todos los afectos al gym sean iguales, ni que todos los flacos estemos contentos con cuerpos de adolescente, lo que estoy tratando de decir en estas líneas es que ya vivimos dentro de un ambiente en el que por default se nos pone un peso sobre los hombros que nos dice que tenemos que ser atractivos, pero no por ello tenemos que cargarlo como se nos demanda. Porque atractivo no es aquél que se esfuerza en serlo, sino ese que lo es sin siquiera darse cuenta, más allá de su físico o su mente, pero más por su actitud. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

Enamórate De Verdad

Jorge y Uriel

¡Llegó la columna No. 100! La verdad es que después de 99 temas diferentes, millones de palabras escritas y muchos sentimientos implicados en cada una, escribir esta no fue una tarea sencilla. ¿Recuerdan aquellas en las que la soltería fue un estandarte? ¿O qué tal tantas acerca del sexo casual, el amor libre y el miedo al compromiso? Olvídenlas todas, que en esta; mi No. 100, todo está por cambiar.


Júzgame loco, pero la verdad es que no es lo mismo tener casi 29 años a tener 25, por más que únicamente existan 4 años de diferencia. Siempre que platico con chavos menores me sorprendo cada vez más por lo mucho que he crecido en estos últimos años, por el cambio de mentalidad, de gustos; pero sobretodo el cambio de necesidades a nivel emocional y amoroso.

Oscar y Aída
Y es que es cierto, conforme vas creciendo, experimentando y dándote de golpes contra la pared vas aprendiendo (como dicen por ahí) quién sí, quién no, y quién nunca. Ya no eres el tipo que únicamente pensaba en fiestas, antros, terminar ebrio hasta perder la conciencia y llevándote al primer tipo que te gustara a tu casa para olvidarte de su nombre a la mañana siguiente. No, los tiempos van cambiando, y tú con ellos.

Miguel y Aldo

¿Cuántas veces hemos estado con alguien únicamente por no estar solos? ¿Cuántas veces hemos aceptado una relación mediocre en donde no estamos ni sintiéndonos bien ni recibiendo lo que merecemos, solamente por necesidad emocional? En mi caso han sido varias, y aunque no me arrepiento de ellas, tampoco me siento orgulloso de haber mendigado amor aunque desde el principio supiera que no iba a tener un buen final.

Qué tiempos aquellos. Cuando no me importaba si mi ligue o pareja me prestaba suficiente atención o no me hacía sentir verdaderamente querido con tal de tener alguien a mi lado, alguien con quien pasar mis momentos de ocio, con quien tener sexo y cariños. Pero de lo que no me daba cuenta era de que lo único que estaba buscando era a alguien que me ayudara a olvidarme de que me aterraba estar solo. ¿Te suena?

Juan Pablo y Lorena
Y luego, después de tantos tropiezos llega esta etapa. No te das cuenta, sólo se presenta de forma natural. Un día te das de nuevo la oportunidad de conocer a alguien, de pasar tiempo juntos, de presentarle a tus amigos y hablarle de él a tu familia, te permites ser feliz y enamorarte poco a poco. Hasta que te das cuenta de que por más amor que exista entre ustedes, ninguno de los dos se ve construyendo un futuro juntos. Que tienen planes diferentes, que sus personalidades se llevan bien pero no se complementan, y que no puedes permitirte volver a repetir patrones e involucrarte en otra relación pasajera que probablemente no marcará tu vida. Te das cuenta de que prefieres no perder tu tiempo con alguien que no se va a quedar, cuando en algún lado está aquella persona que va a amar hasta el más grande de tus defectos.  

Definitivamente creo que aprender a dejar ir a alguien que quieres es toda una lección de vida, porque no sólo te enseña que estás madurando, también te demuestra que POR FIN llegaste al punto de quererte más a ti mismo. Y es en esta etapa en la que tus prioridades cambian, en la que los juegos quedaron atrás y ya no esperas encontrar el amor en el tipo que conociste en el antro y te llevaste a tu casa, en la que si te permites un one night stand es sólo eso. No, ahora no dejas que cualquiera sea copiloto en el viaje de tu vida.

Brenda y Andrés
No es sencillo encontrar una pareja que no sólo sea tu novio, sino también un mejor amigo, un confidente, una motivación y soporte, alguien con quien hacer planes a futuro y hasta hablar de formar una familia. Alguien con quien pasar toda la noche despiertos hablando, con quien ponerte una peda tremenda juntos pero que también te enseñe que hay un mundo más allá de la fiesta. Alguien con quien compartirlo todo sin olvidar ambos que aún tienen una vida individual, alguien que respete tus espacios.
No, no es fácil, pero cuando realmente sabes lo que quieres y verdaderamente te quieres a ti, la tarea se vuelve un poco menos complicada.


Carlos y Ness




Vamos, cuando te acercas a los treinta muchas cosas cambian, y quizá para otros todo siga igual, pero estoy seguro de que en mi caso; como en el de muchos, llega un punto en el que sabes que los años de ligues fugaces ya pasaron y que los noviazgos de unos cuántos meses ya no cuentan. Sabes que estás listo para entregarlo y recibirlo todo, para mostrarte vulnerable ante alguien y ver más allá de sus debilidades, para construir una historia sin pensar en un final, dejándote llevar por ese extraño sentimiento que te dice que todo estará bien, que estás seguro a su lado. Y más importante aún, que tú ya tienes la madurez suficiente para demostrarle que él o ella tampoco tiene nada que temer estando contigo.




*Las imágenes pertenecen a parejas reales, y fueron utilizadas con la aprobación de ellas para la realización de este artículo. ¡Gracias por su confianza!*







jueves, 24 de septiembre de 2015

Al que dejaste ir...



Voy a empezar por decirte que no te odio. Que no te guardo ningún rencor y que el alejarme de ti fue una decisión que me costó, pero de la que no me arrepiento. Probablemente tú me odias, odias el que yo te haya dejado y que hubiera cortado tus ilusiones cuando tú estabas emocionado por lo nuestro. Hoy puedo explicarte qué pasó.

Nunca se trató de ti. Por más trillado que parezca no te dejé porque algo te faltara, porque no tuvieras lo que busco. Tampoco te dejé porque fueras demasiado para mí, no. No se trata de falta de autoestima ni el pensar que no merecía a alguien como tú. La situación va más allá de eso.

Probablemente en ese momento tú no entendiste mi razonamiento, quizá sigas sin hacerlo. Pero lo que te puedo decir es que aunque hice lo que era mejor para mi, también busqué beneficiarte a ti. Ahorrarte tiempo, evitarte la decepción de enamorarte de alguien que no podía corresponderte. Desgastarte por alguien que simplemente no estaba listo, que no podía valorar el cariño de otro.

Esa es la cuestión. Nunca se trató de ti. Conocerte me emocionó y me ilusionó día con día, provocó en mi sensaciones que llegué a pensar que no tendría de nuevo. Llegué a despertar pensando en ti y a sonreir al recordarte. Sé que sabes lo que es eso. Pero a pesar de ello no estaba listo, mi corazón, mente y cuerpo no lograban conectarse. Cuando me alegraba por verte algo me decía que tuviera cuidado, cuando pensaba en dejarte algo me animaba a seguirte viendo. Todos los días me enfrentaba a eso.

Ha pasado algún tiempo y hoy me acordé de ti. De lo mucho que me hiciste feliz y de todo lo que vivimos. De las veces que reímos y aquellas en las que nuestras peleas terminaron en la cama. De tus sonrisas y lo bien que me hacías sentir cuando estuvimos juntos. Hoy recordé que te dejé ir porque no estaba listo.

Aunque puedas pensar que en este momento estoy tratando de recuperarte, no es así. Cuando nos conocimos yo no estaba preparado para darte lo que necesitabas, y estoy seguro de que no era nuestro tiempo. Pero la prueba de que todas las personas que se cruzan por nuestras vidas lo hacen por una razón, es esta. Es el decirte hoy que no tenías porque odiarme, que tu resentimiento es innecesario, que aunque no lo entiendas, un día verás que el que me haya alejado sirvió para que así pudieras conocer al hombre que estabas esperando.

A veces nos cuesta mucho ver que cuando alguien se va, está abriéndonos más posibilidades. Nos cerramos en un sentimiento de abandono que no nos permite percatarnos de que cuando volvamos a amar, sabremos que por algo la persona anterior no se quedó, que el universo tenía algo más para nosotros, alguien más adecuado para ti.

No espero que me agradezcas el haberme ido, lo único que quiero que sepas es que tú no fallaste, que noté cada esfuerzo que hacías, el tiempo que tomabas para estar conmigo, las ganas que tenías de que lo nuestro funcionara. Que sepas que físicamente me encantabas, que tu forma de ser me atrapaba y que tienes cualidades que pesan mucho más que los defectos, que cualquiera sería afortunado de tenerte a su lado. Cualquiera, menos yo cuando nos conocimos.

Ayer nos encontramos de nuevo después de tanto tiempo de no vernos. Pasé a tu lado y volteaste la cara sin siquiera disimular tu arraigado enojo, desviaste la mirada y a pesar de los segundos en los que pude ver tus ojos, noté aún ese coraje en tu mirada. ¿Es porque ahora estoy con alguien? ¿Por qué otro logró hacer que sí funcionara? Recuerda que nunca fue por ti, que no tenías nada malo, que no se trató de que no fueras suficiente o fueras mucho más. Sólo no estaba listo.

Si yo no era para ti, estoy seguro de que encontrarás a alguien que sí se quede. Alguien emocionalmente disponible para hacerte feliz, alguien quien sí pueda quererte como lo mereces. Hoy quiero que dejes de pensar que algo malo había en ti, que no diste suficiente, quiero que tengas la seguridad de que podrías ser el novio perfecto, siempre y cuando tu camino se cruce con la persona indicada. Que en ese momento no era yo.

Quiero que sepas que aunque pensaste que me quise más a mi por dejarte aún sabiendo lo que valías, también te estaba queriendo a ti al evitarte la pena de estar conmigo. Que si hoy soy feliz con alguien más fue por decidir alejarme, y que cuando tu piel vuelva a vibrar por otro, mi cariño por ti seguirá estando presente, porque me fui para que pudieras encontrar a ese hombre que te hiciera realmente feliz.


martes, 28 de julio de 2015

Friendzone: Clichés para mandarte a la mierda




“¿Sabes? En realidad me la paso muy bien contigo, eres un súper chavo y te mereces lo mejor; pero en este momento no estoy listo y creo que prefiero conservarte como amigo antes que arruinarlo y nos dejemos de hablar…”. ¿Te suena familiar? Si es así, mi querido lector, bienvenido a la friendzone.

A la mayoría nos ha pasado. Salimos algunas veces con alguien esperando que la química haga su chamba y quizá, sólo quizá, esta sea por fin la pareja que tanto hemos estado buscando, ese con el que vamos a compartir nuestro tiempo, cuerpo y emociones. Nos emocionamos en la primera cita, y nos emocionamos mucho más cuando planeamos una segunda, para las siguientes la atracción está al máximo; y si ya hubo más que besos entonces no sólo es tu mente y tu corazón los que se vuelven locos cada que lo ves, también tu cuerpo.

Acto siguiente: tenemos qué hablar. ¡Mierda! Todo iba bien, no había señales de que las cosas no fueran a funcionar o de que algo no estuviera en el lugar correcto. ¿Qué pasó? La realidad es que nunca lo sabremos con seguridad, podemos hacer conjeturas o hasta creer en sus motivos, pero jamás vamos a saber si son reales, puesto que es imposible descifrar verdaderamente lo que puede estar pasando por su cabeza. Por eso, hoy vamos a ver algunos de los pretextos y clichés más comunes cuando alguien te manda directito a donde te gusta.

Necesito Tiempo

¡¿Cómo para qué?! Tendrás suficiente tiempo para pensar cuando te mueras, eso seguro. Pero definitivamente esta frase es de lo más trillada cuando quieres zafarte de alguien que no te convence del todo. Nos dicen que tienen muchas cosas que pensar, que acaban de salir de una relación o que no saben lo que quieren. Y aunque suene culero, esta frase es de las que se usan cuando te diste cuenta que en efecto necesitas tiempo, pero para seguir conociendo a más vatos esperando que otro sí te haga sentir de verdad.

No eres tú, soy yo.

¡Huy! Esta viene desde tiempos ancestrales y se ha seguido esparciendo por los siglos de los siglos. ¿No eres tú? ¡Mentira! Sí eres tú, es el que no me gustes del todo, el que tienes cosas que no me laten, el que tu forma de ser y la mía no sean tan compatibles al final, el que el sexo no sea tan bueno como lo esperaba o hasta que seas tan buen partido que de miedo lastimarte. Aún con eso, sí eres tú, porque son esas peculiaridades o defectos tuyos los que lo hacen dudar.

Las relaciones no son lo mío.

¿Y te das cuenta después de haber durado varios años con alguien? ¿Después de una decena de novios? Si, es cierto que muchos pueden no estar hechos para el noviazgo, pero la convivencia se aprende, se desarrolla y se cultiva todos los días. O díganme, ¿cuántos hemos conocido a alguien que dice que las relaciones no son lo suyo y a los pocos meses termina andando con alguien más? ¡Típico! Muchas veces no es que no quieran un noviazgo, es que no lo quieren contigo.

No estoy buscando nada serio.

Esta quizá sea cliché, pero es de las más honestas que te vas a encontrar. Cuando un tipo te dice que no está buscando nada serio, automáticamente sabes que lo único que espera es un buen acostón. Sin sentimientos, sin romance, sin mensajes de texto y llamadas de buenas noches, no. Sexo, vacío y placentero sexo casual. Probablemente busque un sex friend, alguien con quien salir, pasarla bien y poder restregar los cuerpos, pero evitando la a veces molesta pregunta del “¿qué somos?”.

Sigo pensando en alguien más.

Así sea el ex, otro ligue o un amor a distancia. ¿Para qué chingados empiezas a salir con otro si tus sentimientos siguen aferrados a alguien más? La teoría de que un clavo saca a otro clavo no está chida, porque además de falsa, es dolorosa. Nadie quiere ser el clavo, a nadie le gusta que lo utilicen para olvidar a otro o que sólo lo hagan perder su tiempo. No chavos, hay que tener un poquito de madre y ser consciente de lo que hacemos, es irreal que a las 2 semanas de salir con alguien te des cuenta de que extrañas a tu ex. Eso lo sabes desde el principio, así que mejor ahórranos la pena de escuchar pretextos estúpidos.

Estoy enfocado en mi carrera.

¡Bravo! Me parece excelente que alguien sea lo suficientemente maduro y ambicioso como para dedicarse en cuerpo y alma al ámbito profesional. Y es que seamos honestos, algunas carreras son demasiado absorbentes y necesitan de un esfuerzo y entrega totales, pero siendo así… ¿Por qué ilusionas a alguien sabiendo que de momento no está en tus planes tener una relación? ¿Por no estar completamente solo? ¿Por saberte deseado y querido? No, si realmente sabes lo que quieres, dedícate a ello sin llevarte a nadie arrastrando en el camino.

Vamos muy rápido.

¡Cuidado, el elenco de Rápido y Furioso debe estar molesto porque le estamos tumbando la chamba! ¿De verdad? Ok, acepto que existen relaciones que se desarrollan muy rápido, no pasa ni un mes y ya casi viven juntos, conocen a la familia y comparten hasta la quincena. Pero nada de eso sucedería si el otro no diera pie a ello. La velocidad la van marcando los dos, y si en algún momento tú mismo pisaste el acelerador, no vengas ahora a frenar en seco cuando el otro ya está encarrerado.

Quizá no es nuestro tiempo.

Sí, nos llevamos súper bien, el sexo es bueno y la relación es linda. Pero no es el momento. ¿Entonces cuándo es? ¿Cuándo te canses de conocer a otros y se te de tu gana buscarme? El tiempo es subjetivo, y muchas veces nos excusamos con él porque no estamos listos para una relación, pero en este caso lo mejor es ser honesto y cortarlo de golpe. ¿Para qué dejar a alguien ilusionado con la esperanza de que en algún momento las cosas sucederán?

Te quiero, pero como amigos.

Hemos llegado al punto clave de la friendzone. Ese en el que después de haberte ilusionado, besado o hasta cogido, se da cuenta de que te prefiere como amigo. Sí, eres increíble, tu personalidad es maravillosa y quiere seguirte teniendo en su vida, pero no como novio. Hasta parece que en sus cabezas suena muy fácil pasar de un día para otro de ser el ligue al amigo. ¡A veces hasta cometen la estupidez de empezar a contarte a los pocos días que ya salen con alguien más! ¿Es neta?

Nadie está libre de ser mandado a la friendzone, de escuchar estos y muchos más pretextos que nos suenan a cliché y que no hacen más que ponernos a pensar que, una vez más, salimos con otro tipo como tantos que, consciente o inconscientemente sólo está jugando con nosotros. Pero aguas, que en muchas de esas ocasiones podemos darnos cuenta desde antes de que la historia terminará con alguna de estas frases, es sólo que nuestras ganas de hacerlo funcionar y de que podamos cambiar el curso nos hacen cerrar los ojos y continuar esperando a veces un milagro.


Eso, mis estimados lectores, se llama masoquismo. Y aunque podemos tener muchas ganas de encontrar a la pareja ideal, jamás lo haremos si seguimos poniendo al otro antes que a nosotros mismos y le damos la oportunidad de jugar con nuestro tiempo y sentimientos. O quizá tú, que me estás leyendo seas de los que recurren a estas trilladas frases para salir de una relación. Probablemente las aprendiste a la mala, siendo de los que las recibieron, probablemente no y sigas invicto en el juego. Pero cuidado, que hasta al mejor cazador se le va la liebre, ¿y quién sabe? A lo mejor mañana te toca, y en ese momento te invito a que recuerdes este artículo. Porque aunque te haga sentir mejor el pensar “no era yo”, recuerda que sí, no importa lo que hagas, sí eres tú.  

Mimetismo: Novios que copian a sus parejas.




Mimetismo: Habilidad que ciertos seres vivos poseen para asemejarse a otros y a su propio entorno para obtener alguna ventaja funcional. 

¿Les parece familiar? Nos es muy común asociar este tipo de comportamientos con los animales, específicamente con el camaleón; que tiene la capacidad de modificar su apariencia para engañar a los depredadores y así salvar el pellejo para seguir con vida. Pero este tipo de conducta no se da sólo en el reino animal, ¿qué es lo que sucede cuando un humano se mimetiza consciente o inconscientemente? Seamos más específicos y hablemos de las relaciones, ¿y qué cuando el mimetismo se da entre una pareja?

Vamos, que es hasta cierto punto normal que estando en una relación uno comience a adoptar actitudes del otro, costumbres, manías y hasta estilos, pero que sea común no quiere decir que también sea agradable. ¿Te ha pasado? Empiezas a salir con alguien, te gusta, le gustas, formalizan y empiezan a andar. No falta aquél al que le gusta más usar camisas que playeras, zapatos que tenis, pantalones que jeans, ¿qué pasa comúnmente cuando uno resulta mirrey y el otro pandroso? ¿Será que este tipo de combinaciones van dirigidas al fracaso?

No necesariamente, lo que sucede es que poco a poco (y a veces sin querer) vamos cambiando con el propósito de seguirle gustando al otro. ¡Por más estúpido que se escuche! Aunque creas que eres muy original, que nunca vas a dejar de ser fiel a tus ideales y a tus gustos, la verdad es que cuando te enamoras una parte de tu cerebro se apaga y lo único que ves claramente es tu deseo de estar con él. Es entonces cuando uno empieza a cambiar poco a poco. 

Que si a tu novio le gustas más sin gorra, que si te va mejor el color negro, que si le parece más sexy que uses skinny jeans o te dejes la barba… Y así empieza el mimetismo. Normalmente no nos damos cuenta, sólo va pasando. El caso es que de la noche a la mañana tú o él empiezan a verse diferente, es más, a parecerse tan cañón uno al otro que a veces llegan al grado en que aquellos que los conocen puedan decir que parecen clones. ¿Sigue siendo normal? Puede que sí, hasta puede que te guste y lo percibas como algo lindo y que los distingue como pareja, pero no siempre es así. Si bien existen muchos pros al verte similar a tu novio, existen aquellos que ven la clonación amorosa como algo aburrido y hasta cierto punto ñoño. 

Va, igual y se ven lindos, ¿pero qué pasa cuando alguno de los dos es demasiado “territorial” y egoísta? Cuando estás en una relación no es raro que uno se ponga la ropa del otro (claro está, cuando comparten la misma talla), pero cuando eres una persona celosa de tu espacio, tu tiempo y tus cosas, no existe la posibilidad de que alguien pueda usar ninguna de tus prendas, ni siquiera tu novio. 

A mi me ha pasado (pero bueno, a mí me gusta rescatar casos perdidos y convertirlos en príncipes) pero puedo decir que es en verdad molesto cuando tomas a un tipo sin estilo y al terminar resulta ser con el que todos quieren. ¿Me veo muy egoísta? Quizá, probablemente sea muy de película de adolescentes malas el decir “yo te hice”, pero la neta es que ser el responsable del éxito de otros no siempre está padre. Más cuando tu pareja no es otra cosa que un clon tuyo, uno de esos casos de mimetización tan cañona que no sólo cae en el estilo, sino también en hábitos, actitudes y pensamientos.

Pueden existir muchas opiniones en cuanto a este tema, estarán los que piensen que está cool y los que no, los que lo permitan y aquellos que hagan lo posible por evitarlo, pero el adoptar algo del otro seguirá pasando hoy y en el futuro. ¿Por qué? Tan simple como que la convivencia permanente con alguien siempre nos lleva a la reacción esponja. Absorbemos a veces sin darnos cuenta, y a veces por más que lo neguemos, terminamos diciendo frases que no nos gustaban, haciendo cosas que teníamos prohibidas, y sí, vistiendo de formas que a lo mejor no pensábamos que nos podían lucir. 

Es mucho más fácil cuando hablamos de una pareja que desde el momento en el que se encontraron compartían gustos y estilos, esos a los que llamamos twins, que se visten TAN similar y que su apariencia física es bastante parecida que lo único que podría venírsenos a la mente es que padecen de un caso severo de egolatría al relacionarse sentimentalmente con alguien demasiado parecido a ellos. ¡Todos conocemos a una pareja así!

La cosa se resume a lo siguiente: Si te gusta, hazlo, si no, dilo. Al final la comunicación es la base de cualquier relación. Así que si te molesta que tu pareja vaya adoptando estilos de vestir similares al tuyo, simplemente dile que no te late. ¿Por qué a la mayoría le da miedo hablar con la verdad? ¿Por no herir susceptibilidades? ¿Por no verse muy bitch? Vamos, que la mayoría de los homosexuales presumimos de actitudes directas y comentarios honestos… ¿Por qué no aplicarla también con tu pareja? Que el amor no te nuble, lo importante es seguir siendo fiel a lo que eres y alentar a los demás a que lo apliquen consigo mismos, con más razón si se trata de tu pareja, ese al que amas y por 
el que te preocupas. 

Si bien el mimetismo en una relación puede ser normal, lo que no es normal es estar con alguien que por completo carece de un estilo propio y que antes de ti era skate porque su ex lo era, que probó ser hipster porque salió con alguno, y mucho menos que ahora vuelva a evolucionar como Pokemon nada más porque se encuentra con una persona diferente. No sé ustedes, pero al menos yo me siento atraído por la originalidad, por el valemadrismo y por ese estilo de vida en el que no importa lo que los demás piensen, en el que lo único que importa es la comodidad personal y el hecho de que quien sea que vaya a estar contigo lo hará porque le gustas tal como eres. 

Total, si nos vamos a mimetizar, mejor que sea en la cama para que los cuerpos sean uno solo. ¿O a poco no es más rico?

martes, 23 de junio de 2015

Amores de fin de semana



Mucho se ha hablado de los amores de verano, los por mientras y aquellos que podrían durar toda la vida. Pero, ¿qué ondita con esos amores exprés? Esos de un par de días, tan intensos y chingones, como efímeros.

Quizá son esos los que mejores recuerdos nos traen, los que aún nos hacen vibrar. Y es que en estos casos siempre queda la pregunta… ¿Y cómo hubiera sido de poder durar mucho juntos? Regularmente cuando el tiempo es tan corto no hay peleas, todo está de huevos y el sexo es maravilloso (porque, no nos hagamos los santos, muchos hemos tenido sexo con alguien desde la primera cita), así que cuando termina no hay algo malo que recordar.

Nos dejan un vacío en el estómago que no podemos explicar, una mezcla de felicidad y coraje. Contento porque sucedió, y enojado porque no pueda llegar a más. ¿Y si viven en diferentes ciudades, países; o peor aún, continentes? Por más que muchos sigan creyendo que el amor a distancia es 100% posible, la realidad es que dos personas que están lejos no pueden construir una relación completa juntos. Y pasado algún tiempo los mensajes van disminuyendo, las noches intensas por Skype pararon, hasta que dejan de hablar.

Pero, ¿qué pasa cuando realmente creías que podían llegar a algo más? ¿Que después de ese fin de semana juntos iban a seguir saliendo, conociéndose, quizá enamorándose? Cuando sabes que un “romance” no va a ser duradero, el golpe al acabarse duele menos, pero cuando pones tus ilusiones en una persona que en un par de días te removió sentimientos, y de pronto se va… Ahí es donde estamos jodidos.

Nos sacamos de onda, no sabemos qué falló o porqué de repente no volvemos a saber nada de él si en ese par de días todo iba increíble, nos rompemos la cabeza tratando de descifrar la razón del repentino desinterés, pensamos y pensamos sin llegar a alguna conclusión. ¿Te suena?

En alguna ocasión conocí a un vato por Grindr, llegó a mi casa y pasamos todo el fin de semana encerrados viendo pelis, platicando, echando el drink y cogiendo cada que teníamos ganas, la química se sentía cañona y los dos estábamos contentos. Pero al momento de irse vino la confusión, le pregunté cuándo nos veríamos de nuevo y me respondió con un rotundo “mejor no”, me dio un beso y se fue. WTF?!

¿Se trata de miedo a seguir conociendo a alguien con quien se puede dar algo chido? ¿Nomás quería pasarla bien ese fin de semana? ¿Al final se habrá dado cuenta de que no le gustaba para algo más? Las preguntas que te vienen a la mente son infinitas, y lo peor de todo es que jamás tendrán una respuesta. A lo mejor muchos de ustedes no se clavan tan rápido, probablemente sean de aquellos que desaparecen, o quizá tú que me estás leyendo has pasado por algo similar y entiendes el saque de onda. El punto es que cualquiera que sea el caso, no siempre tiene que existir un perdedor.

Muchos estamos tan acostumbrados a adoptar el papel de víctimas, culpando siempre al otro, deshaciéndonos de nuestra parte responsable y buscando consuelo por “lo que nos hicieron”, pero pongámonos a pensar desde el punto más básico. Si se conocieron en Grindr es casi lógico que el pedo era casual, sin compromisos ni promesas, ¿no? Entonces, ¿para qué te ilusionas o decepcionas si al final obtuviste más de lo que realmente esperabas? Tómalo como un plus, quizá tú tenías en mente un rato de pasión y saliste con besos, risas, plática y sueños de más, pero recuerda que eso no era lo que estabas buscando, sencillamente fue un extra de la noche.

¿Muy frío? ¿Pensamiento de zorra? Probablemente, pero a veces es preferible ver las cosas de manera realista que tirarse al suelo para que lo recojan. Lo más seguro es que en unos días, semanas o meses volverás a repetir la misma historia con un tipo diferente, ¿y estás dispuesto a atacar tu mente y gastar tu energía tratando de resolver el misterio del desencanto de nuevo? No está chido cometer los mismos errores sin aprender algo de ellos, tampoco está chido que siempre esperemos más de alguien.


Conocemos bien esa frase que dice que dar es mejor que recibir, los activos estarán de acuerdo, los pasivos pensarán diferente, los inter estarán en duda; pero al final, dejando de lado el sexo y llevándola a una ideología y forma de vida, el dar sin esperar nada a cambio siempre será mejor para cualquiera, porque entonces cuando el destino decide sorprendernos encontraremos respuestas a muchas preguntas, y probablemente ya no pensaremos “¿Y cómo hubiera sido de poder durar mucho juntos?”, sino que estaremos disfrutando de tener a alguien que no tuvo miedo, y decidió sí quedarse a nuestro lado.