jueves, 3 de julio de 2014

Burguer King presenta la "Proud Whopper" celebrando el orgullo gay. Checa las reacciones de los clientes.



Con el pasado día del orgullo gay, pudimos ver demasiadas cosas alrededor del mundo a través de las redes sociales, cosas tanto random como muy cool.
Una que sin duda nos dejó a muchos con la boca abierta fue la nueva campaña de la cadena multinacional de comida rápida Burguer King, quienes aprovecharon la fecha para introducir a sus clientes la "Proud Whooper" o "Hamburguesa del Orgullo" durante la marcha del orgullo gay en San Francisco, California.

¿Qué la hace diferente? ¿De qué está hecha? ¿Cuál es su sabor? Fueron tan sólo algunas de las preguntas que la gente hacía a los encargados de tomar las órdenes en el mostrador. Ni hablar de todos aquellos que rechazaron la oferta por miedo a probar algo que muy probablemente no les pudiera gustar.

La hamburguesa fue presentada en un envoltorio con los colores del arcoíris con la leyenda "Proud Whopper" por fuera y en el interior "Por dentro todos somos iguales". ¡Muy cool! Ni la carne, ni el pan ni los vegetales son diferentes, no existe ingrediente secreto ni otros aderezos, la hamburguesa es exactamente igual a las demás, pero con diferente envoltura. Un mensaje claro, directo y lleno de orgullo e inclusión. 

Además, la venta del producto con la colorida envoltura seguirá por todo el mes de Julio y sus ganancias serán destinadas a becas de estudiantes de la comunidad LGBT elegidos por la fundación McLamore, nombrada así por el fundador de la mundialmente famosa cadena de hamburguesas. 

En fin, aquí te dejo el video para que veas lo que opinaron aquellos que sí se atrevieron a comerla... ¡Bravo por Burguer King!

P.D: Aplausos también para el señor que pregunta: ¿La gente gay siquiera come comida rápida? LOL. Y también para la señora que confiesa que una hamburguesa jamás la había hecho llorar. ¿Por qué no? 




miércoles, 18 de junio de 2014

Economía en una relación. ¿Cuánto gana tu pareja?



Dicen que el dinero no compra la felicidad… Pero no es lo mismo llorar dentro de un Ferrari que hacerlo en un Vocho. ¿Cierto? Lo que me deja pensando, carajo… ¡Yo ni siquiera tengo un Vocho! Entonces… ¿Tengo permitido llorar? ¿Se puede Big Borther? ¿Se podrá?

¿Qué es lo que pasa cuando empezamos a salir con alguien? ¿Qué tanta importancia le damos a los ingresos económicos de un prospecto de pareja o de la pareja en sí? Como aquí siempre se habla con la verdad, y aunque muchos (yo entre ellos) digamos que cuando hay amor lo de más es lo de menos, el nivel económico de alguien que nos gusta siempre será uno de los factores importantes a la hora de decidir avanzar con la relación.

No me van a dejar mentir. ¿Qué pasa si conoces a alguien y te dice que trabaja en algo que no te gusta o que sabes que no es suficientemente bueno para tus intereses? ¿Aún así te das la oportunidad de conocerse? ¡NO! Y por más que queramos hacernos los equitativos, buena onda o comprensivos, la verdad es que esas cosas ya no suceden. Tu oficio habla mucho de ti, y entre más aspiracional sea resultará mejor para el ligue. No se trata de que seamos unos interesados o trepadores, no, no se confundan. Se trata de buscar una equidad en la relación.

Aunque de inicio puede que no te haga ruido el que tu pareja gane menos que tú, la realidad es que con el tiempo los problemas pueden salir a flote cuando no pueda mantener el estilo de vida que tú llevas. ¿Salidas a cenar varias veces por semana? ¿Al cine? ¿Obras de teatro y actualizar tu guardarropa al menos una vez al mes? ¡Mejor ni hablamos de los viajes! Además de que estar con alguien cuyos ingresos no sean al menos equivalentes a los tuyos puede llegar a ser un problema de dinero, no hay que olvidar que puede convertirse también en uno de autoestima.

Créeme, yo he estado en ambas circunstancias. Cuando mi ex era el jodido de la relación (casi literal porque no trabajaba) la relación no duró más de 3 meses. ¿Por qué? Porque a pesar de que era una persona con ambiciones, en ese preciso momento de su vida se encontraba en etapa de estudiante, una etapa que yo ya había pasado años atrás. Y por más que uno invierta tanto su tiempo como su dinero en una persona en la que está muy interesado, tarde o temprano te vas a cansar, y tu cartera contigo. Es algo así como un típico caso en el que quisieras decir: “Todo está cool, eres un buen tipo y te quiero, pero búscame cuando hayas terminado tu carrera y empieces a ser independiente”. ¿Me explico?

Cuando yo fui el jodido de la relación las cosas fueron diferentes. Y cabe aclarar que al llamarme “jodido” no es porque lo fuera, mis ingresos eran buenos y podía pagar por un estilo de vida muy aceptable, el problema era que los de mi pareja se duplicaban por mil, y en dólares. Aunque nunca me sentí menos y trataba de mantener una equidad en cuanto a los gastos que compartíamos, la realidad era que a pesar de mis metas profesionales él ya había logrado un estatus mismo que yo (todavía aún) estoy trabajando por conseguir.

Al momento de conocer a alguien SIEMPRE vamos a preguntar a qué se dedica, y es lógico pues es parte de las cosas que determinarán si tienen algo en común y si pueden compartir temas o enseñarse nuevos entre ambos. Pero seamos honestos, si uno ya pasó años fregándose y trabajando para lograr ascender en el ámbito profesional, lo usual es que busque a alguien con la misma hambre de éxito o al menos que no sea un bueno para nada carente de metas.

Sí, podrá ser muy atractivo salir con el mesero sexy de algún restaurante, pero ¿hasta dónde va a llegar esa relación? Si bien ellos a veces ganan mucho más en propinas que uno, la verdad es un trabajo que no demuestra grandes aspiraciones, mucho menos si ya se encuentra a mitad de sus veintes.

Dicho esto, podemos ver que para muchos no sólo cuánto ganes es importante, sino también cómo lo hagas. Otro ejemplo: Tú novio gana 3 veces lo mismo que tú… Siendo Go-Go dancer o escort. Aunque habrá muchos a los que no les moleste tal cosa, me atrevo a decir que la gran mayoría lo pensaríamos dos veces antes de involucrarnos con alguien de esa profesión.

Con cada año nos empezamos a volver más exigentes, sabemos más a qué o quién le tiramos y nos es mucho más fácil descartar prospectos y decidir cuáles pasan todos esos filtros que ponemos. Y aunque encontrar a alguien con quién sentirnos no únicamente iguales, sino además incluir admiración por lo que ambos hacen parece una tarea difícil, ciertamente no la es. Sólo hay que tener muy claros nuestros objetivos y no darnos por vencidos a la primera tormenta.


Pero bueno, por el momento yo no gano millones ni viajo a Dubai, no pago restaurantes caros ni ropa de marca, así que no espero encontrar a alguien que en este momento de su vida lo haga. Así que mi meta podría ser algún jodido extremadamente creativo y dedicado al arte que comprenda cómo funciona esto. ¿Alguien con el perfil? Pero eso sí, aunque hoy ni Vocho tengo, mañana lloraré feliz en mi Ferrari. ¡Venga!

viernes, 6 de junio de 2014

Al menos conocía a David Hale



Esta semana les voy a contar una pequeña historia basada en hechos verdaderos. La historia de cómo una cita puede salir mal a veces gracias a ti mismo, sin que siquiera te des cuenta.

La semana pasada conocí a un chavo en una de las famosas apps de encuentro. Y antes de que empiecen a hacer suposiciones, una de las cosas que me llamó la atención del tipo fue que en lugar de pedirme desbloquear fotos  o preguntarme rol, empezó la conversación hablándome de David Hale, y para los que no sepan de quién estoy hablando, Hale es un artista, ilustrador y tatuador en Grecia del que tomé el diseño del búho que tengo tatuado en el brazo y del que soy fan. Así que sí, en menos de 2 segundos “Pancho” (llamémosle así por hoy) tenía todo mi interés.

Nada tenía que ver que en sus 3 fotografías apareciera un verdadero galán, bueno sí un poco, pero el que supiera de arte y temas de mi agrado fue lo que más llamó mi atención, además de su siempre respetuosa forma de hablar y lo agradable de la charla. En fin, era un sábado y no miento si digo que empezamos a hablar temprano por la mañana, trabajé, comí, salí a pasear a Mateo, mi perro, fui al súper, vi una película y aún seguíamos hablando hasta que me propuso vernos en un par de horas si es que no tenía planes para salir esa noche.

La verdad es que rara vez tengo planes, la mayoría de mis amigos se van de antro y es bien sabido que no soy fan de esos lugares, así que casi nunca me invitan a salir con ellos los sábados. Estaba disponible. ¿Y por qué no conocer a un tipo guapísimo, agradable, culto y pasar un buen rato en lugar de quedarme en casa viendo capítulos de Criminal Minds como todos los días?

Pancho sugirió un lugar no muy lejano a mi casa y nos vimos alrededor de las 10 PM. No voy a negar que estaba emocionado, no todos los días conoces a alguien con tantas cualidades y una parte de mi mente pensó que si no me gustaba tanto el tipo al menos de esa salida podría encontrar a un buen amigo. El pensamiento se reforzó cuando llegué al lugar y conocí a Pancho. No sólo era como 10 centímetros más bajo de lo que había mencionado, no. El pitufo que estaba frente a mí era MUY diferente a la que aparecía en las fotos.

¡Oh, sorpresa! Sí, el tipo era el mismo de las imágenes, pero se notaba que además de ser bastante fotogénico también era todo un maestro del PhotoShop. Juro que estuve a punto de darme la vuelta y regresar exactamente por donde llegué, y es que si algo puede resultar demasiado decepcionante es que una persona trate de aparentar algo que no es a través de las redes sociales. Respiré profundo, sonreí a medias y me dije a mí mismo: Mi mismo, el tipo es más feo que un pasivo con hemorroides, pero al menos es agradable. ¿Y uno no necesita que sus amigos sean exclusivamente guapos, no?

Entramos al lugar y desde los primeros cinco minutos de charla noté que Pancho no dejaba de verme de una forma un tanto incómoda, no morbosa ni lasciva, sino como de asombro. Decidí no prestar atención y empezar la plática retomando uno de los muchos temas de los que hablamos por la tarde. No sólo el tipo había retocado sus fotos, tampoco parecía tener tanto conocimiento acerca de lo que platicábamos horas antes. Entre su físico, su mirada de admiración, la falta de tema de conversación y su falta de ambición al contarme que a sus 27 años no sabía lo que quería, vivía con su familia, no había terminado la carrera y tenía un empleo deprimente de medio tiempo que le daba para pagar sus cigarros, (irónicamente me pidió uno unos minutos más tarde), lo único que quería era terminarme la cerveza e irme a mi casa. Ese capítulo de Criminal Minds me parecía mucho más interesante en ese momento.

Sólo una vez hace muchos años había aplicado una salida tan estúpida e inventada como la que actué esa noche. Pedí a mi mejor amiga que me llamara por teléfono y en cuanto sonó el celular pretendí que me necesitaba con urgencia asegurando que saldría para allá en ese instante, ante la mirada triste de Pancho y las risas de mi cómplice del otro lado de la línea. Me disculpé de prisa, pagué mi cerveza y me dirigí hacia la salida, lógicamente se ofreció a acompañarme pero lo único que obtuvo de mí fue un “seguimos en contacto”, y quienes me conocen saben que esas 3 palabras de mi boca significan todo lo contrario.

¿Qué fue lo que sucedió? En el camino de regreso a mi casa me puse a analizar en dónde había estado el error. Ok, si bien no era tan guapo como se veía en las fotos, ¿en dónde estaba el tipo culto y agradable con el que había hablado? No tardé mucho en darme cuenta de que (como siempre) el que había hablado la mayor parte del tiempo había sido yo. Toda la tarde le di las armas para saber mis gustos y poder seguir el tema. Le mencionaba un autor y me hablaba de varios de sus libros. Decía algo de un cineasta y me decía qué películas le habían gustado de él, pero siempre fui yo el primero en dar detalles con los que él decía estar de acuerdo, repitiendo exactamente mis propias palabras de una manera diferente.

¿Por qué no simplemente decir que no sabía? ¿Por qué no mencionar cosas que realmente le gustaran? ¿De qué te sirve pretender que sabes de algo para conseguir salir con alguien si a la hora de la verdad no vas a poder seguir el cuento? Es demasiado lamentable encontrarse con ese tipo de personas, y sí, aunque muy probablemente no hubiera aceptado salir con él de tener fotos sin retoques y haberme hablado acerca de su nada prometedor futuro por falta de motivación o exceso de conformismo, igual habría sido preferible conocer a un tipo real.

Cuidado chavos, las fotos y hasta las pláticas pueden engañar cuando conoces a alguien a través de aplicaciones. ¿Entonces usamos Skype antes de salir? ¿Le pedimos un video? ¿Hacemos un examen oral para saber su nivel de cultura general? Quizá las dos primeras opciones no sean del todo descabelladas, pero para la tercera el único consejo que puedo darte es que no cometas los mismos errores que yo al apoderarme de la plática, no. Déjalo hablar a él primero y formula las preguntas correctas después.

Honestamente luego de esa cita no me quedaron ganas de seguir conociendo chavos en apps, así que me di un break temporal de esos sitios esperando evitar nuevos encuentros incómodos. Pero como el destino es MUY cabrón, el día de ayer tenía que jugar conmigo. Me topé con Pancho en la llamada segunda ciudad más grande del mundo, con miles de millones de habitantes, ¿de risa, no? Ahí estábamos, uno al lado del otro esperando que el semáforo cambiara de color para poder cruzar la calle, sabiendo quién era el de al lado y aunque el ruido de la calle era demasiado, el silencio incómodo que había entre los 10 centímetros que nos separaban parecía mucho más fuerte en ese momento. Ninguno de los dos había saludado al otro. ¡Carajo! Y ni siquiera podía pretender estar ocupado en mi teléfono porque mi batería estaba muerta.


La luz se puso en verde para ceder el paso al peatón y traté de caminar rápido entre la multitud alejándome de él, pero aún así pude escuchar cuando dirigiéndose a mí dijo “Hasta tú le hubieras ganado el Oscar a Di Caprio”, solté una carcajada mientras lo veía despidiéndome con un movimiento de cabeza que le daba la razón. “¿De plano estuvo tan mal?” me preguntó aún alejándose caminando de espaldas. “No tienes idea”, respondí y seguí mi camino. “¡Hey!” – me gritó – “¡Al menos sí conozco el trabajo de David Hale!”.  Vaya, y de todos los temas que retomé en los 40 minutos de la cita jamás se me ocurrió volver a sacar ese.

viernes, 23 de mayo de 2014

El poder de decir: Soy Gay


Algo me ha rondado la mente últimamente, y no sólo la mente, sino también el corazón. Y es que cuando se trata de abrir la boca y hablar a uno se le hace fácil, pero cuando se trata de abrir tu corazón es cuando viene la parte difícil.

¿Cómo es posible? Sí, aunque publico una columna semanal dentro de una revista digital dirigida al público gay, tengo un blog igualmente dedicado a ese sector de la población, y he tenido más novios que quizá cualquiera de ustedes, mi vida personal siempre la he mantenido aislada de mi núcleo familiar. Y aunque mi madre y mi hermana (las personas que más amo en la vida) lo saben desde que yo mismo me di cuenta de ello, la otra parte de mis seres queridos siguen sólo haciendo suposiciones.


Venga, sí, este es un blog 100% dedicado a los lectores gay, lo cual da por de más entendido que este humilde autor es parte de esa comunidad tan rechazada aún por la sociedad. Y a pesar de eso, y aunque resulte increíble, mi orientación sexual sigue siendo ocultada para una cierta parte de mi entorno. Mi familia.

Durante años he sido objetivo de las típicas preguntas familiares. Mis primos y primas se están casando, teniendo hijos, formando una familia… ¿Y tú para cuándo? ¿Y la novia? Mi respuesta siempre fue la misma, que me importaba mucho más mi futuro profesional que sentimental, que estaba tan enfocado en lograr mis metas y objetivos, en ser exitoso, que el amor pasaba a segundo plano. Y no mentía, pues sigue siendo de la misma forma, sólo que el sentido que yo le doy a esas palabras no era el mismo que ellos entendían.

Quienes me conocen saben que crecí en una familia unida, regia… y demasiado católica. Y como tal, mi adolescencia se vio influenciada por las enseñanzas de todos los santos, vírgenes y por supuesto, por Dios. Lo que me hizo cuestionar una y otra vez si lo que estaba sintiendo era digno de mi religión o de plano me enviaría directo al infierno. Hoy sé que no existe un infierno como tal cuando el único “pecado” que cometes es amar y ser fiel a ti mismo.

Aunque suene extraño, soy uno de los pocos que siguen siendo católicos, que siguen dentro de una religión, soy de esos que van a misa cada domingo, que se confiesan y que a pesar de lo mucho que la comunidad gay esté en contra, cree fervientemente que el Dios que todos conocemos es bondadoso, amoroso, y que nos creó a todos por igual.

Mi intención jamás fue ocultarlo ni ocultarme ante aquellos que más amo, quizá, el error que cometí fue el de omisión, porque al callar confirmas, porque al no decir nada das pie a que se hagan suposiciones y se creen rumores. ¿Qué mi familia lo ha sospechado por años? Estoy seguro de eso, lo único que necesitan es una confirmación por mi parte, misma que, a pesar de mis publicaciones semanales, aún no ha sido directa.

Yo mismo pasé años negándome a mí mismo, aún cuando media ciudad sabía acerca de mí. Yo mismo me negué el derecho a ser completamente libre, y me lo he seguido negando, hasta ahora. Lo hice con mi familia, lo hice con nuevos amigos y lo hice también con los lectores. Como muchos de ustedes saben, soy escritor, hago libros, desarrollo historias y creo fantasías que no van dirigidas a un solo tipo de público. Y al pensar en ello el miedo entró de nuevo, ¿me leerán hombres y mujeres heterosexuales sabiendo mi preferencia sexual? ¿Se conectarán con una historia de amor hombre-mujer aún cuando el autor tiene una preferencia por la gente de su mismo sexo? ¿Podrán valorar mi trabajo sabiendo que quizá la fantasía de una historia no viene de la mano de una experiencia propia? Las dudas y tormentos no dejaron de cesar.

Hace unos días me llegó un correo de un chavo de 19 años diciéndome que no había tenido el valor para hablar con su familia de sus preferencias, que tenía miedo, pero que leerme cada semana le había dado la seguridad que necesitaba para aceptarse y vivir libre. Agradeciéndome por vivir una vida abiertamente gay (y pública) que alentaba a otros a hacer lo mismo. Así que me pregunté a mí mismo… ¿Cómo puedes tener miles de lectores que se conectan contigo cuando tú no te conectas contigo mismo? ¿Con qué cara les pides que sean honestos cuando tú no lo eres al 100%? Por esa razón estoy escribiendo esto. Porque si predico hablar con la verdad, la opinión cruda y un valemadrismo auténtico, tengo qué hacerlo de forma completa.

¿Se han fijado? Lo que quiero decir ha estado implícito en cada frase, en cada párrafo, pero aún me ha costado decirlo… El miedo sigue, pero las ganas de provocar un cambio, de empezar a hacer la diferencia y de ser fiel a mí mismo son más grandes. Así que para aquellos que tenían sus dudas… Sí, soy gay. Y ser gay no me hace menos talentoso, no me hace menos hombre, y más importante aún, no me hace menos humano. Sigo siendo el mismo que todos conocen, loco, aventurero, nómada, raro, ñoño, desmadroso en ocasiones y amoroso, pero el mismo tipo a fin de cuentas.

¿Dios me odia? Estoy seguro de que no. Y aunque sé que el riesgo de las críticas tanto familiares como por parte de la gran comunidad de fans lectoras que son fieles a mi blog se puede hacer presente, prefiero seguir escribiendo con la mente y el alma tranquilas. Total, Katzenbach no era un psicópata, Kafka no era un bicho, Stoker no era un vampiro y Follet jamás construyó una catedral, los escritores más renombrados no basaron sus más grandes obras en sus vidas personales, y aunque las amemos no dejan de ser ficción.

Amo a todos y cada uno de los miembros de mi familia, con defectos y todo, porque no hay familia perfecta, porque nadie somos perfectos, porque ni yo ni ninguno de ellos lo es. Así que si mi familia o la familia de alguien homosexual me están leyendo los invito a pensar… ¿Qué vale más? ¿El amor incondicional de alguien que siendo gay los ama y los acepta, o sus creencias, moral y orgullo que puede impedirles ver que el amor sigue siendo amor a pesar de tus preferencias sexuales?

Y ahora sí... ¿Quién dijo miedo?

jueves, 15 de mayo de 2014

Tipos de pene. ¿Cuáles dan mucho más que pena?


 A todo gay le encanta comerse un buen trozo de carne. Eso es un hecho, sino resultaría extraño, ¿no? Y es que si algo es cierto es que los homosexuales tenemos una fijación (o adoración) por el pene, que muchas veces va más allá de lo normal. En cambio, para las mujeres a pesar de ser importante, no representa de tal relevancia como lo es para nosotros. Analicemos el porqué.

A pesar de que se ya se haya hablado TANTO de eso, lo cierto es que cuando se trata de sexo no hay tema que se agote.  Pensé que resultaría aburrido y repetitivo hacer una columna cuestionando la importancia del tamaño del pene a la hora de echar pasión y enfocarla hacia esos que no nos gustan, pero resultó todo lo contrario, y es que al preguntar a hombres y mujeres sus opiniones, las respuestas fueron de lo más sorprendentes y hasta cómicas. 
¿Por qué hombres y mujeres si este es un espacio dirigido al público gay? Fácil, porque la mentalidad y las expectativas de ambos son simplemente dignas de compararse.

Empecemos pues. ¿El tamaño importa? Sí, por más que digan que no es importante la verdad es que lo es. Curiosamente la mayoría de las mujeres dijo que lo importante era que supieran usar su herramienta sin importar si era chica o grande. En cambio, todos los hombres (gay, por supuesto) no dudaron en dejar de lado la técnica para darle importancia a la longitud. ¿Por qué para todo hombre es mejor un pene de buen tamaño a la hora del sexo? OJO, que no dije “un pene grande”. La respuesta está en que los gays somos más visuales, preferimos ver algo que nos motive, que nos prenda, que nos incite a jugar con él, a darle besitos y apretones. Y hablando por los pasivos, un pene chico no les hace ni cosquillas. ¡Qué importa si tiene o no cuerpazo! Lo importante es que la tenga bien, porque es preferible uno flaco con buen paquete que uno mamado de corto alcance.

¿Y de qué medidas hablamos cuando decimos “de buen tamaño”? Aunque científicamente el tamaño promedio del pene en estado de erección es de 14.5 cm (sí, leíste bien) para TODOS, tanto hombres como mujeres esa medida no es suficiente. En general, la mayoría llama “normal” a un pene de 16 a 17 cm, tomando cualquier cosa bajo esa medida como pito chico y todo por encima de ella como de buen ver. Aunque debo decir que algunas respuestas me sorprendieron, pues no faltó quien dijo que lo regular era de 18 a 20 cm. ¡Toma! Esos sí que no son de boca chiquita, literal.

Una de las dudas que tenía curiosidad por resolver, era la reacción de un activo ante el tema. Se dice que al no ser penetrado, el activo tiene más predilección por las nalgas que por el pene de su pareja sexual, y comprobé que eso es sólo un mito. Los activos también las prefieren grandes. Y algo que me sorprendió fue saber que tanto pasivos como activos nos hemos vestido y retirado de la escena cuando a la hora de la hora nos topamos con una miniatura colgando entre las piernas del otro. Claro que no falta quien pueda compadecerse y seguir, tratando de hacer sentir cómodo al chavo, pero la realidad es que es una minoría la que lo hace. El rechazo que tenemos hacia alguien con pene pequeño va más allá de la cara o del cuerpo, quizá hasta más allá de la satisfacción sexual.

¿Por qué? Es bien sabido que desde siempre el tamaño del miembro es sinónimo de hombría, no por nada aquellos bien dotados lo van presumiendo por la vida, a veces hasta sin que se les pregunte al respecto. Y si tú eres uno de ellos, déjame decirte que por más difícil que parezca, a la hora del sexo tanto mujeres como hombres demostraron cierta negatividad ante un pene de más de 20 cm. Que si lastima, que si no es ideal para hacer sexo oral, o que si el que lo tiene cree que sólo por eso ya no debe esforzarse en la cama.  Los motivos varían, y aunque se admite que una buena herramienta es atractiva visualmente, cuando hablamos de penetración ya no resulta tan deseada. Eso sí, la reacción ante una de tamaño pequeño es diferente. Esas causan flojera y baja de excitación, pero jamás dolor.

¿De dónde viene eso de que entre más grande es mejor? Sin duda la industria del porno ha ayudado demasiado a acrecentar ese rumor, pues en las películas o videos vemos tipos a veces con monstruosidades colgando y hemos llegado a aceptar ese tipo de tamaños como “normales”, sin tomar en cuenta que detrás de cada escena hay muchos factores que ayudan al talentosísimo actor. Ya sean los ángulos de las tomas, rebajar el vello a casi nulo, el uso de aparatos que alargan y ensanchan el pene temporalmente o que se contrate a tipos de estatura baja con miembros un poco más grandes de lo que sería proporcional a su cuerpo.

¿O qué pensabas que todo eso era natural? Pues no, temo reventar tu burbuja pero la realidad es que el 80% de los tamaños que vemos en pantalla son producto de ese tipo de “ayuditas”.

                           
  
Total, ni chico ni enorme sino tamaño promedio. Pero ¿y qué hay del grosor? Aquí es por demás sabido que una demasiado gorda le atrae a muy pocos y una delgada como fideo, a nadie. Y es que cuando te topas con una demasiado gruesa la penetración es por de más dolorosa e incómoda, a menos que ya tengas aquello más abierto que el techo de un estadio. Y a pesar de que tanto para una grande como para una gruesa existen productos que ayudan con la dilatación, una de las respuestas más comunes que recibí fue que las relaciones sexuales no serían tan usuales como podrían ser con alguien de tamaño y ancho promedio, pues con el uso excesivo de (por ejemplo) los famosos poppers, termina doliéndote la cabeza además del culo.

Nota: El ancho promedio de un pene en estado de erección va de 8.8 a 10 cms.

Y ya pasando a detalles que no tienen nada qué ver con lo gordo ni lo alto, ¿qué hay de las formas? ¡Agárrense! Que aquí sí hay de todo como en el Oxxo. Según lo dicho, aquellos penes con formas irregulares resultan un tanto repulsivos y hasta bajan la excitación en menos de lo que Enrique Peña Nieto vuelve a decir una pendejada.

Aunque se piensa que hay penes con forma de gancho que pueden resultar estimulantes a la hora del sexo, una mayoría opina que una desviación excesiva en el pene no es agradable. Lo mismo con las formas extrañas, tales como aquellas en forma de paleta (muy delgadas y cabezonas), las de forma de cono (punta chica tronco amplio), el de forma de lápiz (delgado y con punta picuda), entre otros. Lo cierto es que de la vista nace el amor, así que a uno bonito no hay quien le diga que no.

¡Los olores! Aquí no hay de otra, un pene atractivo es aquél que es aseado, que huele bien. Tampoco queremos que se lo perfumen, pero una buena higiene es BÁSICA no sólo a la hora de tener sexo, sino todos los días a todas horas. Qué molesto y cero excitante es toparse con uno con mal olor, y eso no se pone a discusión, creo que TODOS coincidimos en ello. Y dentro de la higiene y el buen olor aplica también aquello del sabor. Dicen que dependiendo de la alimentación es el sabor que tendrá el semen, pero aquí no hablamos de eso, sino del pene. Y un pene mal lavado, con residuos de orina, semen o evidenciando que el tipo no se ha bañado en un par de días, es por de más desagradable. ASÍ NO.

En donde hay variación de nuevo es en el gusto por el arbusto. Aunque hoy en día casi todos recurrimos a la depilación del vello o a rebajarlo, existen personas a las que les prende una mata abundante, un afro bien hecho. Y de la misma manera habemos aquellos a los que nos gusta mucho más corto como esos que prefieren que el vello sea inexistente. ¿De verdad? Chale, a mí se me hace como estar echándote a un infante, y la pedofilia no está cool.

Pues qué les digo, hablando de penes siempre hay variedad de gustos y opiniones, pero como ayer mientras yo preguntaba preferencias me devolvían la pregunta esperando saber las mías, pues aquí les van. Me he encontrado de todo, monstruos que creía extintos, enanos mitológicos y bichos raros, y aunque a cada uno le saqué provecho, en lo personal creo que mi opinión va de la mano con la de ustedes. El tamaño sí importa, una verga pequeña te baja el pedo y ni a jugar te invita, en cambio para el faje una más grande que el promedio resulta coqueta pues puedes hacer más cosas con ella. Eso sí, mi predilección está con el promedio, que en mi humilde opinión dejo en 17 cm.

Sorry por las ganchudas y chuecas, cero atractivas. Y una de las cosas que noté es que me pasó algo que únicamente las mujeres comentaron, una vez que se involucran sentimientos, el tamaño y la forma del pene de tu pareja pasa a segundo plano, y ya viéndolo con ojos de amor hasta le quieres sacar fotos para Instagram. Ahí se demuestra una vez más que las mujeres son mucho más sentimentales que sexuales, y que uno como hombre puede llegar a ser más físico que comprensivo. Pero me pasó a mí… ¿será que ya me va a llegar mi periodo?

Aunque seguramente seguirá el mito de que entre más grande es mejor y que aquellos de buen paquete son los predilectos de la humanidad, la verdad creo que es cuestión de perspectivas y proporciones. No está padre que un tipo de 1.90 ande cargando una de 15 cm, así como tampoco que uno de 1.60 vaya por la vida con 23 en la entrepierna. En la proporción se encuentra la satisfacción.

Y cerrando con el tema de la autoestima, ¿qué pedo con aquellos que se sienten mejores por tenerla más grande? Peor aún, ¿qué onda con los que se reprimen (y deprimen) porque la suya es pequeña? La seguridad es fundamental en un hombre y esa no te la da el tamaño. Chica o grande, la apreciación que uno tiene con su cuerpo va más allá del tamaño de nuestros genitales, refleja qué tanto nos aceptamos y cuánto amor tenemos por nosotros mismos. Porque aunque nos gane el morbo al escuchar que tal o cual la tiene grande, lo padre es que sin importar si a la mayoría le gusta o no, tú te sientas contento con lo que tienes. Así sea del tamaño de un pitufo, total, el universo pudo no haber dotado a todos con un buen pene, pero de seguro les dio otros talentos. Espero…


Todos los hombres son iguales


Existe una frase que le ha dado la vuelta al mundo. Yo, al menos, no tengo idea de dónde salió o quién la dijo primero, pero es quizá una de las frases que más hemos escuchado nosotros como hombres a lo largo de nuestra vida, y es que dicen por ahí que “todos somos iguales”.

Empecemos por decir que físicamente es una gran mentira, no todos somos iguales. Los hay más altos, musculosos, flacos, morenos, rubios, de orejas grandes o unos tantos sin pelo. Vamos, que venimos en todas las tallas, modelos y colores. Y aunque muchos de nosotros homosexuales pensamos que esa frase la aplican únicamente las mujeres para atacar al sexo masculino, estamos en un gran error. Nuestra orientación no deshecha el que pertenezcamos a dicho género, y siendo así, entonces podemos decir que sí, el “todos los hombres son iguales” aplica también con nosotros.

¿Alguno de ustedes ha dicho esa frase aunque sea de broma? Yo sí, y últimamente me he dado cuenta de que por más que nos resistamos a creer en la certeza de tal aseveración, la verdad es que las bases, experiencias y evidencias que existen detrás de ella son demasiadas. ¿Cuántos no nos consideramos diferentes al resto? ¿Cuántos no creemos que podemos ser suficientemente buenos para alguien o que el ex o un ligue no nos llenó como quisiéramos porque “era igual a todos”? Y al decir esto nos referimos en su mayoría a que son egoístas, fríos, insensibles, infieles, no nos dedican el suficiente tiempo y juegan con nuestros sentimientos. ¿O no?

Yo he sido de los que creen que es diferente, que cuando dicen que “todos somos iguales” no se siente ofendido ni aludido porque tiene la gran certeza que de que no aplica conmigo. Y debo decir que creo que también yo he estado equivocado. Sí, todos somos iguales.

Y somos iguales porque llegado el momento hemos aplicado una de esas. ¿O me vas a decir que no? Por más amoroso, cariñoso, educado o íntegro que seas, ha habido algún momento en el que esa frase te ha quedado más que a la medida. Ya sea cuando te acostaste con alguien y dijiste que tenías interés más allá del sexo y jamás volviste a buscarlo, o cuando saliendo con alguien seguiste coqueteando con otros por Internet. ¿Qué me dices de esas veces en las que aún teniendo pareja volteaste a ver a otro tipo mientras estabas con tus amigos y pensaste “yo sí le daba”?

Uno de los ejemplos más claros es aquél en el que conocemos a alguien. De inicio es agradable, nos gusta, pasamos algún tiempo con él y de repente algo pasa que nuestra mente se desconecta del momento y de la persona. Quizá conocimos a alguien que nos gustaba aún más, quizá notamos algo que no nos gustó del chavo con el que salimos, probablemente el sexo no fue tan bueno, la tenía chiquita, no besaba bien o puede ser que no era lo que estabas buscando. Es ahí cuando lo dejas, muchas veces ilusionado, con la esperanza de que algo se diera entre ustedes y de que tú fueras por fin lo que tanto quería. Intencionalmente o no, cuando hacemos esto nos convertimos en uno más de la lista. Porque aunque tratemos de ser honestos, no engañar y de decir las cosas como son, en la mente del otro hiciste exactamente lo que se estaba temiendo. Traducción: eres igual a todos.
 
Ojo, que no quiero decir que siempre es así, pero lo que creo es que somos iguales si el momento se presenta. Uno no tiene la culpa de salir con alguien pensando que le va a encantar y después darte cuenta de que no. ¿Cierto? Y aunque la otra persona nos juzgará por haberlo dejado, la realidad es que en algún momento probablemente él también hizo lo mismo.

¿Cuántos no nos quejamos de que en el ambiente gay todos son muy putos? Decimos que todos se acuestan con todos y que son unas zorras, pero… ¿cuántos de los que hemos dicho eso podemos negar que tuvimos sexo con alguien únicamente por placer o porque el tipo nos gustaba demasiado? Y ahora sí que quien diga que no lo ha hecho jamás, que me agarre a pedradas, porque aunque muchos se (o nos) las demos de santos, también tenemos cola que nos pisen así sea más corta que la de otros, pero de que existe, existe.

El hecho de decir que todos somos iguales no significa algo malo, porque así como presentándose el momento podemos ser muy cabrones con el tipo que no es el indicado, también podemos ser el mejor de todos los hombres cuando conocemos al que sí nos mueve todo. Y ahí es donde radica mi punto, si alguna vez dijiste o te han dicho que “todos los hombres son iguales”, es porque para esa persona no fuiste el indicado, y lo más importante aún, que para ti tampoco lo era, porque de lo contrario, la dichosa frase no aplicaría en ninguno de los dos en ese momento de sus vidas.

Así que sí, todos somos iguales dependiendo del tipo con el que estamos y qué tan comprometidos nos sentimos con él. Porque si no nos llena, seguiremos buscando, porque si llega alguien mejor quizá querremos estar con él, porque lamentablemente todos buscamos la perfección que hemos formado en nuestras mentes. Seguimos un ideal personal que nos hace descartar uno y otro en el camino, hasta que por fin encontremos al que creemos es el correcto. ¿Y qué hay de malo en eso? ¡Es la ley de la vida! Al menos en mi caso, puedo decir que disfruto demasiado ser igual que todos en el aspecto sentimental, aunque me vaya de la mierda. Total, lo gozado en el momento nadie me lo quita.





jueves, 8 de mayo de 2014

A 10 años... ¿Qué dejó la cultura "Mean Girls" al mundo gay?



Ok. Se cumplieron 10 años del estreno de la película “Mean Girls”, sí, esa que te enseña a ser una “perra adolescente” tratando de que al final veas que no deja nada bueno ni ser popular, ni ser de la “realeza”. Y debo decir que, a mi ver, la mayoría de los homosexuales que han visto esa película, no entienden lo segundo que acabo de mencionar.

Sí, admito que hace 10 años que vi la película me causó emoción, me subió el ego y me llevó a adoptar actitudes de las que hoy no me siento tan orgulloso. Bueno, ¿qué puedo decir? No siempre tuve la mentalidad por la que agradezco el día de hoy, lo reconozco. Pero, aún con el paso del tiempo, y aún con que la película se haya vuelto casi de culto para un gran porcentaje de la comunidad homosexual; a la par que Lindsay Lohan, ya sea por drogadicta, bisexual, alcohólica o por sexy, la verdad es que ese boom que los gays tienen por la película va más allá del simple gusto. No, lo que es realmente impresionante es que sigan adoptando, creyendo y viviendo con actitudes como las que ahí se muestran, pensando que son esas mismas las que les van a dar un estatus mucho más deseable.

¡Por favor! Por más que me guste la película; porque me gusta, es completamente irracional que la comunidad homosexual la haya adoptado como propia únicamente porque describe ese tipo de actitud que la mayoría quiere; o anhela tener. Sí, gran parte de los gays que son socialmente aceptados como “guapos” creen que una actitud arrogante, inalcanzable y “bitch” les va como anillo al dedo. Que comportarse como los dioses del olimpo y hacer a un lado a cualquier otro mortal les va a dar un nivel mucho mejor y a convertir en “celebridades”, cuando hay qué aceptarlo, nadie es una celebridad ni mucho menos de la realeza.

La concepción que cada uno le da a la temática de una película es un rollo muy personal, pero me arriesgo a decir que los gays se sienten tan fascinados con “Mean Girls” porque maneja situaciones y actitudes que jamás podrán tener. Y sí, una cosa que debo decir es que la comunidad homosexual tiene mucho en común con la película, los chismes, las traiciones, la superficialidad y esa necesidad de ser aceptados, arrogantes y famosos. Pero, ¿qué es la fama hoy en día?

La fama de nuestros tiempos se mide en seguidores en Twitter, en likes de Facebook, en con quién sales (y que te vean de fiesta con él), en las personas a las que conoces o a qué te dedicas. Y la verdad es que no hay cosa más triste que esa. Llegamos al punto de confundir a una “celebridad” con un verdadero artista, y llegamos al punto en el que cualquier tipo medianamente guapo o con buen cuerpo que tiene 10 mil seguidores en sus redes sociales se siente famoso y con la seguridad de dar un autógrafo cuando nada en su persona transpira o respira arte.

Ser famoso en el mundo homosexual es una realidad y un deseo que existe sin razón alguna. Muchos tratan de llegar a ello saliendo con gente guapa, deseada, a muchos ni siquiera les importa que se les conozca por “zorras”, con que se hable de ellos. El caso es que en el mundo gay aplicamos DE MÁS ese dicho de: “Aunque sea mal, mientras hablen de ti”. Y es más, siendo gay, mientras peor hablen para muchos es mejor.


¿Es neta que eso es lo que les llena? ¿En realidad se sienten tan importantes porque alguien esté llevando chismes por todos lados? Va, les valgo que de los 18 a los 21 quizá les llene que se hable de ustedes y tengan cierta “fama” dentro del mundo homosexual, pero después de cierto tiempo en lugar de darte “prestigio” lo que da es pena ajena. Conozco a tantos que casi van rondando los 40 y aún siguen adoptando ese tipo de actitudes mediocres y lastimeras en las que creen que ser popular lo es todo. Y antes de que me digan que lo que hablo lo hablo por ardor, coraje, miseria o lo que sea que les cruce por la mente, déjenme decirles que si me doy el derecho de hablar de ello es porque hace ya varios años yo estuve en ese lugar. Ese lugar en el que ser guapo es DEMASIADO importante, en el que tener un novio considerado como “hot” era impresionante, en el que tener un círculo de amigos VIP te daba otro nivel, y créanme que con el paso de los años (y con mis 27 años cumplidos hace 2 días) en lugar de darme satisfacción por haberlo experimentado, me da demasiada risa de mí mismo. Porque aunque otros lo vieron “cool” en ese tiempo, para muchos otros era una burla.

¿Qué hay en la mentalidad de un gay para sentir la necesidad de adoptar tales actitudes? ¿De dónde viene esa gran necesidad de atención? Y si lo piensas bien, la mayoría de los que han visto la famosa “Mean Girls” se sienten Regina George, cuando en el fondo puedo asegurar que se identifican con Cady Heron. ¿Y por qué? Porque en el fondo saben que esa actitud de “Queen Bee” sólo es un deseo, es ocultar su simplicidad por aparentar ser mejores, vamos, es una mentalidad wannabe.


Te invito a que te preguntes… ¿Quién dijo que ser simple es malo? ¿En dónde se establece que por ser gay tienes que ser fabuloso y famoso? Esto es algo que nadie me cree, pero es real, mi mejor época desde que vivo una vida abiertamente homosexual, la he vivido fuera de foco, sin ir a antros, sin estar metido en chismes o triángulos amorosos, alejado de traiciones y falsas amistades. Y por más que el ambiente gay trata de jalarte todo el tiempo, no hay nada más reconfortante que mantenerse al margen por propia salud mental, y siendo siempre fiel a quien realmente se es. ¿De hueva? Quizá. ¿Y a quién le importa mientras seas feliz? No, mis queridos lectores. Ser gay es meramente una orientación sexual, no el intento por llegar a un mejor y popular nivel social. A fin de cuentas puedes ser muy perra, pero recuerda que a esas nadie las quiere… O las arrolla un autobús.