jueves, 8 de mayo de 2014

Hasta el más guapo ruega




“Rogar”. De por sí la palabra ya es un tanto desagradable y con mucha más razón lo es su significado. Pero la neta, ¿cuántos no lo hemos hecho? Sí, es lógico que muchas veces nos cuesta admitir cuando es uno el que anda detrás de alguien sin obtener mucho éxito, pero la verdad es que hemos estado ahí. Algunos hemos sido ese pobre imbécil que llama, que busca, que espera… que ruega. Por eso aquí vamos a tratar de descifrar qué es lo que nos lleva a cometer tan vergonzoso acto.
Es normal que cuando te interesa un tipo empieces a ilusionarte, a hacerte ideas y a empezar a imaginarse juntos, (aguas, que muchos se brincan hasta la boda, los hijos y las mascotas y ahí no está tan padre) y es igual de normal que todas esas emociones que estás sintiendo se vean reflejadas en tus actos. Una llamada, mensajes por Whatsapp, comentarios en el muro de Facebook o una que otra visita inesperada no se ven nada mal y hasta pueden llegar a ser halagadoras, pero ¿en qué momento pasamos de la atención al ruegue? La verdad es que es muy fácil darse cuenta.

Es muy cierto que el hombre gay trae casi de nacimiento el egocentrismo, ese deseo de ser admirado y de llamar la atención, de sentirse deseado y ¿por qué no? Muchas veces nos damos el lujo de seguirle el rollo a quien nos tira la onda sin que el tipo nos guste tanto, únicamente por esa subida de ego que nos provoca cada que escribe o nos busca. Para nada estoy asegurando que el 100% actúe de esa manera, pero es bien sabido que la mayoría de nosotros tenemos ese “no sé qué” que nos hace sentir como si hubiéramos sido paridos por la mismísima Afrodita. Ahí es donde caemos en la contradicción porque siendo así nos correspondería estar en el lado de ser a quien buscan, a quien le ruegan, y no al contrario. Lo que también es cierto es que hasta el más carita es inseguro, el más mamado tiene miedos, el popular se puede sentir solo, a fin de cuentas hasta el más guapo ruega.

¿Por qué rogamos? ¿Será que a veces es tanta la necesidad de afecto o la soledad que sentimos que terminamos haciéndolo? Vamos, que no importa si eres guapísimo o no, el acto de rogar es de lo más lamentable que existe, lamentable cuando lo haces porque te ves como un idiota y mucho más lamentable permitir que alguien lo haga porque te ves todavía peor. No importa qué tanto te guste un chavo, si ya salieron por un tiempo, si te dio entrada o ni siquiera importa si es tu pareja y ya tienen años juntos, rogarle a alguien para que esté con uno no es ni será bueno desde ninguna perspectiva. Existen muchos que no saben cómo decir NO, que sienten pena o que no tienen el valor suficiente para hacerte saber que ya no quieren nada contigo, que prefieren permitir que sigas buscándolos hasta el cansancio, porque eso sí, tarde o temprano te vas a cansar de tantas negativas, de todos esos mensajes sin respuesta, vas a darte cuenta de que estás haciendo el oso y de que el otro ya no está interesado. El trancazo duele, pero duele más seguir esperando por algo que igual y nunca llega, o que nunca estuvo ahí pero no pudiste darte cuenta.



Cuando terminamos una relación, o mejor dicho, cuando nos terminan y nosotros seguimos enamorados, muchas veces cometemos la estupidez de seguirle llamando, de buscarlo esperando que se haya arrepentido y que su opinión después de unas semanas sea diferente, que se haya dado cuenta de lo mucho que nos extraña y del gran error que fue habernos dejado. FAIL y con letras mayúsculas. Recuperar el autoestima que te bajonearon con el cortón no es nada sencillo, pero el primer paso es aceptar que por las razones que sean tu relación ya terminó y empezar a enfocarte en ti mismo, en darte tu tiempo, tu espacio, en volver a sentirte tranquilo estando contigo y superar poco a poco esas ganas abominables de buscarlo de nuevo. No importa si seguimos enamorados porque es uno el que lo está, cuando alguien te deja es claro que el sentimiento no fue mutuo y que tiene otros planes para su vida en los que no estás incluído. ¡Auch! Está grueso, pero muchos hemos pasado por ello y salimos adelante, ¿por qué no hacerlo de nuevo? Eso sí, ahora con harta fuerza de voluntad y montones de amor propio.

Al rogarle a alguien no estás más que diciendo que no sabes estar contigo mismo, que igual y te acostumbraste a invertir tu tiempo con esa persona y al hacerlo le otorgas cierto grado de poder sobre ti al susodicho en cuestión, así, sabe que estarás ahí cuando se le de la gana, que eres algo seguro y que no importa si te busca hoy o dentro de seis meses, tú estarás ahí porque te cuesta un huevo estar solo. A nadie le gusta que le digan “rogón”, por más que lo hagas como un acto desesperado por rescatar algo o tratar de mantener el interés, no es sano ni está padre estar buscando a alguien que no nos busca a nosotros.

Véase por donde se vea, ya sea que te la pases comentando sus fotos por atraer su atención, que seas tú el que siempre lo saluda en Whatsapp, el que proponga verse, el que siempre llama y muestra interés, ya sea porque te late en serio o porque sólo quieres un rato de sexo casual, rogar es rogar y aquél que ruega se pone a sí mismo en la posición secundaria quedando como tonto. Así que si estás pasando por un tipo de situación similar, vamos acabando con las  idioteces y deja de dañarte, recuerda que no hay nada mejor que invertir tiempo y amor primero en uno mismo, a menos que creas que eres una mala inversión.


1 comentario:

  1. Un gusto como siempre leerte, Solo no estoy de acuerdo en este párrafo:
    "Es muy cierto que el hombre gay trae casi de nacimiento el egocentrismo, ese deseo de ser admirado y de llamar la atención, de sentirse deseado"
    Creo q el egocentrismo es totalmente humano, no tiene q ver con preferencias. Tampoco es cierto q el hombre (gay o no) lo traiga de naciemiento o casi de nacimiento, son conductas aprendidas, derivadas de la baja autoestima, necesidad de ser reconocido y una imperiosa falta de amor propio. Saludos.

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